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Catupecu Machu: 20 años gritando

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La banda de Fernando Ruiz Díaz celebró 20 años de carrera con una fiesta que tuvo infinidad de invitados ante un Luna Park repleto.

Siempre inquietos, siempre buscando nuevas formas… Catupecu Machu no podía celebrar sus 20 años de carrera con sólamente un show.  Es por eso que durante este año fueron varios los eventos que hicieron para celebrar las dos décadas de vida de la banda: una exposición de fotos y memorabilia en el Centro Cultural Recoleta, un extenso documental que se exhibió en el mismo lugar, la edición de un box set con discos, dvds y un libro de fotos y, por supuesto, la esperada culminación con este show en el Luna Park, que al mismo tiempo da pie para un gira.

El concierto podría dividirse en dos partes: primero la formal, que comienza con “El grito después”, esa canción nueva que da nombre a toda esta celebración. La primera hora tendrá el desarrollo normal de cualquier show, con el agregado de sumar canciones un tanto olvidadas en el repertorio como “Secretos Pasadizos”, “Muéstrame los dientes” o “Cuentos decapitados”. Siempre lo más bello de estas presentaciones es ver la reacción del público ante esas gemas; los viejos fans, que tal vez ya no siguen tanto al grupo y reconectan con esos años de juventud y mosh, y los más jóvenes, que por cuestiones obvias no han estado en los shows donde esos temas eran moneda frecuente y se emocionan al escucharlos por primera vez en vivo. En cuanto a intensidad musical y física, esa primera parte es la mas enérgica con clásicos como “Origen extremo”, “Eso espero” y “Metropolis nueva”.

A partir que Fernando Ruiz Díaz queda solo en el escenario empieza el otro show. Catupecu Machu tiene la facilidad de darle intimidad a un lugar para 8.000 personas. Todos saben el amor del grupo por la noche: eso de “vivo fuertes madrugadas que al otro día siento” no es sólo parte de una letra, sino que es común encontrarlos juntos por la noche porteña, por lo que a partir de este momento el solemne concierto del Luna Park pasa a transformarse  en lo que podría ser una noche de festejo informal en el Roxy.

Como decíamos, Ruiz Diaz quedaría solo en el escenario con un instrumento extraño de percusión (una especie de dos platos de batería en forma ovalada), pidiendo silencio a una fervorosa multitud, para interpretar una canción que todavía no tiene nombre pero que está dedicada a su hija. Y a partir de ahí empezaría el aluvión de invitados.

“La llama” daría el puntapié inicial con los hermanos Manzella, viejos amigos de Fernando, para una versión flamenca del tema que no se lució demasiado debido a problemas de sonido. Esta dificultad lamentablemente persistió en “Entero o a pedazos”, con Abril Sosa en guitarra y voces, y fue esto último lo que menos se pudo disfrutar; una lástima ya que el dueto de voces es lo más atractivo de la canción. Afortunadamente, para “Vistiendo” el inconveniente se solucionó y gracias a la mano de Gillespie en trompeta lograron la mejor versión de esta sección del show, en una canción que solía cantar Gabriel Ruiz Díaz, por supuesto presente en algún lugar del recinto.

Si hay algo que caracteriza a Catupecu es el hecho de presentar música a sus fans; por ejemplo rescatando gemas ocultas y convirtiéndolas en hit. Tal es el caso de “Plan B” de Massacre, con Wallas y Pablo Mondello de invitados (un tema que los presentes gritan casi desgarrándose), “Héroes Anónimos”, de Metrópoli, con la cantante original del grupo, Isabel de Sebastián, como invitada. O “Hechizo”, de Héroes del Silencio, que desafortunadamente no sonó; es un poco más difícil traer a Enrique Bunbury de España para ello.

Siguiendo en esto de presentar música, no solo Ruiz Díaz intercala fragmentos de canciones de Lisandro Aristimuño durante sus canciones, sino que también lo invita para una eléctrica versión de “Para vestirte hoy”, una de sus composiciones. Y si bien Lisandro ya es un músico consagrado, tal vez su música no sea la que suene en las casas de la mayoría de los fans de Catupecu. Los que sí podrían sonar son Sick Porky y Connor Questa, representando al under para una intensa versión de “El Mezcal y la Cobra”. El resto se reparte entre los eternos amigos de siempre: El zorrito, Zeta Bosio, Leo de Cecco, Diego Frenkel, gente de  Las Pelotas, de Carajo y viejos integrantes del grupo como Marcelo Baraj para una re versión de “Mil voces finas”. Incluso Fernando se disculpa porque muchos invitados no pudieron estar por estar de gira (Kapanga, los Decadentes) y le tira algún palo a un invitado que no quiso asistir (¿un ex baterista, quizás?).

Después de unas maratónicas cuatro horas nadie se quiere ir.  Es que todo está más cerca de ser una fiesta de cumpleaños que de un recital hecho y derecho. Como si las 8.000 personas que están ahí fueran amigos y los que pasan por el escenario sólo son otros amigos que simplemente suben a tocar porque sí. Y es que en realidad es eso; uno siente que es espectador de la intimidad del grupo pero al mismo tiempo también forma parte de ella.

Guste o no, Catupecu Machu logró la masividad y llegar a los 20 años de carrera con sus propias reglas, con cientos de palos en el camino. Es más una entidad que un grupo,  como esas bandas de antaño que no importa quién pase por sus filas: la esencia del grupo es más importante que la suma de sus integrantes.

azafatodegira.com

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