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Ararat: cabalgando hacia destinos familiares

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Con su tercer disco, la banda de Sergio Ch. y Tito Fargo logra consolidar un sonido que parecía no encontrar su luz.

No sé qué es lo que pasó por la cabeza de este trío (¿o súper trío?) al decidir qué hacer para este tercer disco. Algún click tuvo que haber entre sus miembros para que lo que escuchemos en esta nueva producción sea tan acertado. Digo acertado porque el disco suena macizo. Aquellos climas extensos que inundaron sus anteriores trabajos quedaron en un segundo plano para dejarle espacio a una auténtica masa de rock y melodías, aún en los temas más largos. Así de sincero.

Todo esto no se daría de esta forma si no fuese por el respetable laburo del ingeniero de sonido, Tom Baker. Con un amplio curriculum (Avenged Sevenfold, 30 Seconds to Mars, Judas Priest, Ministry, Marilyn manson) el norteamericano supo entender lo que había que darle a este disco: un sonido seco, primitivo, fuerte.

La primera mitad del disco es inexorablemente eso mismo. “El Paso” y “Los Escombros del Jardín” sacan ese movimiento natural donde nos encontramos, sin saber, que estamos moviendo la cabeza. Con el corte del disco, “Nicotina y Destrucción”, no hay sorpresas: ese tufillo a Natas está presente, y está puesto en el mejor de los usos. El bajo de Sergio marca el camino.

La segunda mitad del disco alterna entre esta impronta rockera y la mezcla con algo más personal y experimental. Con “El Arca” dejamos que Tito Fargo nos lleve por un rato (pero no por mucho) hacia planos exteriores; así, para cuando se escuchen los primeros acordes de “La Historia de Hanuman” aterricemos en otro terreno familiar.

Para el final del disco, entre “Atalayah” y “Los Viajes”, nos bajamos con una intrínseca paz. Confusa, pero satisfactoria.

La distribución de los instrumentos tienen esas cualidades que resultan conocidas, pero que hay que escuchar con detenimiento. El bajo de Sergio Ch es cuasi-omnipotente, a la par de su voz: deja en claro que es el motor principal de todo el sonido. La guitarra y efectos de Tito Fargo algo atrás, pero sin pasar desapercibido. Por último, la contundente batería de Alfredo, a veces desperdiciada por un muy bajo volumen, deja gusto a poco. Una lástima.

Si te quedaste con una idea de Ararat y no te convenció del todo, es hora que vuelvas y escuches este disco. Posiblemente encuentres algo que dejaste pasar.

1 Comentario

  1. Dolape

    16 mayo, 2014 en 11:02

    Atribuir el sonido, carácter, al ingeniero de Mastering es de una ignorancia MAGNÁNIMA.
    Si no hay nada para decir… mejor no decir nada….
    SLDS

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