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Almafuerte y su misa metalera

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El jueves santo, la banda de Ricardo Iorio tocó ante un colmado Mandarine Park, coronando así su tercer show de gran convocatoria en menos de un año.

Pocas son las bandas que con 20 años de carrera puedan aumentar su convocatoria en cada show, y Almafuerte ha demostrado que juega en las grandes ligas. Como sabe decir, orgulloso, el mismo Ricardo Iorio: todo sin apoyo de las radios, de los medios. Llegar hasta ahí por mérito propio.

Con un “Mandarina parque” -como diría el cantante- lleno, a las 21:30 da inicio al show con “Todo es en vano si no hay amor”. La banda ha cambiado de modalidad a la hora de presentarse en vivo: anteriormente era común ver al grupo tocando en la capital cada dos meses, haciendo un estadio Malvinas o varios Teatro Flores. Este último año ha sido de shows más espaciados, con la llegada de la banda a un estadio (All Boys en junio 2013), un Mandarine Park en diciembre último y ahora esta fecha. Sin embargo, la convocatoria del grupo está lejos de menguar. La gente hace notar esta ausencia de la banda de su vida (porque el fan de Almafuerte en su mayoría sólo va a ver a Almafuerte) y el comienzo intenso con canciones como “Debes saberlo”, “Patria al hombro” y “Yo traigo la semilla” hacen que la locura en el campo se desate sin control.

Para sorpresa de muchos, a pesar de no tocar en vivo hace más de 20 días, se ve a una banda más ajustada, con el tridente Marciello, Valencia, Ceriotti entendiéndose mejor que nunca y con un Iorio realmente asertivo y centrado en sus palabras, concentrándose en su poesía, hecho que él mismo se recriminaría por hacerlo emocionar más de la cuenta, como sucedió en la canción “Presa fácil”.

Después de muchos años sin material, tanto la gente como la banda necesitaban una renovación en el repertorio, es por eso que canciones como “Trillando la fina” o “Ciudad de Rosario” empiezan a resaltar como clásicos futuros. La interpretación por primera vez de “Glifosateando” o la acústica “Mi credo” hace saber que “Trillando la fina” no es un disco que será olvidado rápidamente.

Como siempre, el show carece de cierta continuidad musical ya que Iorio tiene su espectáculo en sí mismo. El cacique jevi disfruta presentar canciones, que son declaraciones de principios. Y también disfruta su banda, sobre todo a la hora donde el Tano Marciello se deja llevar para hacer sus solos; con los años su sonido se ha acercado más un rock pesado que al heavy metal de los primeros años. De hecho hace ya un tiempo que la banda no toca canciones de los dos primeros discos. El público parece no extrañarlos ya que temas como “Triunfo”, “Toro y pampa” u “Orgullo Argentino” tienen una tendencia más melódica ideales para el canto de la gente.

Con una desprolija “Tu eres su seguridad” y el doblete de “Almafuerte” y “A vos amigo” y después de hora y veinte, el recital concluye. Pese a ser un show convocante, el espectáculo no presentó nada diferente a lo que vemos habitualmente de parte de la banda. Y si bien sonaron correctamente, la duración del show fue muy corta, sin sorpresas y yendo a lo seguro. A pesar que él mismo reniega, Iorio está lejos de perder las mañas y todavía disfruta estar arriba de un escenario cantando sus verdades. Y eso es lo único que su público busca.

azafatodegira.com

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