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Quilmes Rock – Día 2: el imperio británico

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A más de una década de su primera visita, Blur regresó a Buenos Aires y brindó uno de los shows del año. Súper Ratones, Bicicletas, Richard Coleman y Café Tacuba completaron la gran jornada.

“It really, really, really could happen” parecían repetirse los fanáticos durante estos largos catorce años desde aquella primera y única visita de Blur a Argentina. Realmente podría suceder, y ocurrió. Y en qué forma; en apenas una hora y media demostraron por qué los ’90 fueron suyos. También fue suya la noche, pero no sin que antes el público disfrutara de varios artistas, que sin bien poco tenían que ver con el britpop, aportaron su cuota a una tarde-noche que resultó memorable.

El miedo a que el predio ahora conocido como Ciudad del rock se convirtiera en un pantano como fuera Costanera Sur en el último Pepsi Music estaba latente. Por suerte, el campo era de cemento, con lo cual la lluvia de los últimos días no afectó demasiado. A la ida el nuevo Metrobus pareció funcionar de maravilla, a la vuelta los comentarios fueron que en más de tres horas no apareció ni un solo colectivo (los taxistas se aprovecharon de esto cobrando sumas ridículas). A minutos del anuncio de la grilla para el Lollapalooza, Buenos Aires parece huérfana de espacios eficaces, mientras esperamos que Perry Farrell sea el mesías que nos traiga un festival a la altura, principalmente del lado de la organización.

Los ascendentes Bicicletas llegaron al escenario principal con su reciente “Magia amor locura animal” bajo el brazo. Entretuvieron a varios cientos de personas, a los puntuales que de a poco ingresaban por la Avenida Roca. Los curiosos por descubrir una banda (no tan) nueva tuvieron su premio. Bicicletas cerró su corto pero efectivo show con “Quema” para darle paso a Richard Coleman.

“Sale el sol, toca el dark”, ironizó en medio del set en donde intercaló temas de su nuevo disco “Incandescente”, y su predecesor “Siberia Country Club”. Secundado de manera excepcional por Gonzalo Córdoba, quien se hizo cargo de la mayoría de los solos, Coleman dio muestra de varias de sus muy buenas canciones solista: “Fuego”, “Corre la voz”, y el corte “Como la música lenta” se destacaron del reciente material.

El homenaje a su amigo -casi hermano- Gustavo Cerati elude el lugar común; Richard rescata “Naturaleza muerta”, del que fuera su último disco, y del cual comparten la autoría. Además trajo al presente “Héroes” en la versión de su ex banda Fricción, para cerrar los diez temas en casi una hora con “Memoria”.

Luego fue el turno de Café Tacuba, que logró contagiar a un público que en su gran mayoría no había pagado su ticket para verlos. Abrieron con “Pájaros” y “El baile y el salón”. “Miren nada más qué maravilloso atardecer”, destacó Rubén Albarrán, voz de los mexicanos, mientras el sol teñía de rojo el cielo en medio de las ruinas del parque de diversiones. “Deseamos que se la estén pasando poca madre, que canten y que bailen, no que sean unas momias muchachos, despierten”agregó riéndose antes de arremeter con el hitazo “Como te extraño mi amor”. Y no hizo falta más: la gente cantó y bailó durante la siguiente hora.

El árbol blanco inflable centrado en el escenario rebotaba las luces de colores creando un efecto placentero mientras los Café Tacuba se convertían en una tormenta de ritmos tecno latinos. “Aprovéchate” en la voz de Emmanuel del Real Díaz (tecladista) se diferenció del set que pocas veces bajó el ritmo, y que cerró bien arriba con “La chica banda” y “El puñal y el corazón”.

Pasadas las nueve de la noche Blur sale a escena. Damon Albarn, intacto físicamente, parece tener unos cuantos años menos que los 45 que marca su documento, pero lo que sería más importante y llamativo es que su voz también ha permanecido prácticamente inalterable. Y eso se comprobó en tan solo el comienzo, Girls and boys desató el primer gran pogo y coreo masivo, para seguir con la electrizante “Popscene”.

Apenas una hora y media, y menos de una veintena de canciones, pero el setlist es demasiado efectivo como para andar pensando en la duración, o en qué tema nos hubiera gustado escuchar. Siguen con There’s no other way y Beetlebum y si bien el carisma de Damon Albarn hace que nuestros ojos pocas veces puedan despegarse de su figura, es la guitarra de Graham Coxon la que sostiene y le da identidad al sonido de Blur.

“Mi sueño es subir a cantar ‘Tender’ con ustedes” reza un elaborado cartel en medio del público. Y haciendo uso de su cuota demagoga y “tribunera” (también recorrería en más de una ocasión la pasarela formada por la división en el campo) Albarn hace pasar a la afortunada al escenario. Apenas una anécdota que queda detrás de ese himno de liberación, ese “Come on, come on, come on, love’s the greatest thing” repetido casi como una plegaria.

Las sombras en ruinas de los juegos del ex Parque de la Ciudad hacen más real el flashback; Blur suena arriba del escenario y nos transporta a los ’90. Una revancha para la segunda generación que se ve entre el público, para los que en aquella visita al Luna aún eran muy chicos para vivirlo. Y un nuevo gusto para los privilegiados que estuvieran en esas noches de noviembre de 1999. Hay espacio para el homenaje al recientemente fallecido Lou Reed con un fragmento de “Satellite of love”. Coffee and tv, “End of a century” y Parklife”, con la voz del actor Phil Daniels, van completando una noche perfecta.

La épica de estadios se concreta con The Universal, ese himno impreso en los ’90 que remonta a una tradición británica cuyo mayor punto de contacto son The Smiths. El público vuelve a corear esa frase que citamos al principio. El sueño está ocurriendo, pero lamentablemente llegando a su final. Apenas hay lugar para un riff exquisito de guitarra, otro pogo, el más grande de la noche y ese “Woo-hoo!” gritado apenas con el hilo de voz que nos queda.

Song 2 finaliza una noche que en el marco del Quilmes Rock tuvo a Blur como protagonista excluyente. En la vereda de enfrente del grunge, del otro lado del océano, el britpop también compartió la tenencia de los ’90. Renovando una tradición musical, Blur fue amo y señor de la década, y desde hace un par de años el imperio parece estar de regreso.

*Fotos por Guillermo Coluccio

 

 

Redacción ElAcople.com

1 Comentario

  1. vivi

    4 noviembre, 2013 en 16:09

    linda crónica y excelentes fotos!! souvenir de una noche inolvidable

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