ENTREVISTAS

Ale Kurz: “La búsqueda en la vida es ser auténtico”

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El cantante de El Bordo le brindó su tiempo a El Acople, compartiendo una conversación en la que profundizó sobre su relación con sus compañeros de banda, el nuevo disco en marcha, su libro de poesías y más.

Son días agitados y de mucho trabajo para Alejandro Kurz, pero lejos de estar cansado o desanimado, los encara con entusiasmo y alegría. Es que le sobran motivos para estar emocionado: mientras con El Bordo se prepara para la gira por sus quince años y con sus compañeros trabajan en lo que será el nuevo disco, él continúa presentando “Oikumene”, el libro de poesía que representa su primer trabajo artístico por fuera de la banda. En uno de sus ratos libres, el cantante nos abrió sus puertas para charlar de todos estos temas, de sus sensaciones, sus recuerdos y la forma de entender su trabajo.

Dijiste que fue muy poco el tiempo entre que descubriste o redescubriste tus cuadernos y tenías todo listo para publicar los poemas. ¿Qué sensación te causó cuando se materializó todo eso y en vez de un disco tenías en tus manos un libro?

No, no sabés lo que fue cuando agarré el primer libro. Yo no lo materializaba así, y ahora estoy por cumplir un segundo sueño con respecto al libro: hablamos con la editorial Distal la posibilidad de que nos ayuden a distribuir el libro en las librerías de todo el país. Eso nos va a facilitar un montón, porque los lugares donde no puedo llegar a hacer el acústico la gente lo va a poder comprar. Y a mí me habilita la posibilidad de que pueda vender un libro en una librería, algo que yo hasta ahora… soy músico y vendo los discos en la disquería o internet, ahora que se pueden bajar. Y en algún punto yo soy una persona inquieta y no me gusta conformarme nunca, siempre estoy como el conejo buscando una zanahoria que correr y, bueno, me pongo un objetivo y trato de salir a perseguirlo hasta encontrarlo. Y cuando lo encuentro digo “vamos a buscar una zanahoria nueva y proyecto nuevo”. Y esto es un placer que me estoy dando. Me estoy divirtiendo, me está dando muchos gustos tener mi propio libro, es un placer enorme.

Además de los poemas en sí, hay una distribución particular de los versos e ilustraciones, ¿lo pensaste de esta manera?

Sí. La división temática  “Ojos que ven”, “Ojos que sienten” y “Ojos que ven que sienten” sí, era algo que había planificado. Y después, al principio no era mi idea que haya ilustraciones. Pero también estábamos pensando con Jimena, que es la diseñadora, que hoy en día no hay una costumbre de leer en prosa. La gente está acostumbrada a que haya ilustraciones, o fotos, o dibujos o estar viendo en la pantalla de la tele o pantalla del celular. Y el libro es distinto, te permite a vos imaginarte los actores. A mí me pasó mil veces de leer libros de películas, y después ver la película y pensar: “No, yo al actor no me lo imaginaba así”. Creo que lo que tiene de distinto la lectura y por lo cual me pone contento haber editado un libro es que le permitís al lector que imagine él mismo sus propios colores, o que imagine el paisaje. No es una mera recepción de lo que alguien te está decidiendo mostrar, que eso es lo que generalmente nos pasa en la televisión o cualquier pantalla que vemos.

Nombraste “Ojos que ven”, “Ojos que sienten” y “Ojos que ven que sienten”. Esta metáfora de cambio de percepción, ¿es algo que sentís que te fue pasando a lo largo de tu vida?

Puede ser… tiene que ver un poco con algunas lecturas de Nietzsche que decían que el hombre puede estar en tres fases: primero sería la fase que, no me acuerdo el término exacto, pero de lucha contra la realidad; sería como una mula que carga peso y que trabaja en pos de ir para adelante y nada más. Después está la fase del león, que el león es el que reacciona, que frente a algo que le molesta ataca pero sin entender bien por qué, reacciona instintivamente. Y después, la más elevada de todas las fases es el niño, porque el niño juega, el niño elige simplemente por placer, no tiene condicionamientos, no quiere quedar bien con nadie. Yo creo que al principio en este “Oikumene”, el mundo que quiero percibir o que percibo, los ojos que ven es la primera lectura que tenés, que es mediante los sentidos; ver, oler, escuchar, tocar y el gusto. Y es como la primera aproximación que tenés del mundo. El sentir me parece que es un poco más espiritual, que tiene que ver con algo más intangible, con el instinto, con la intuición. Y después los ojos que ven, que sienten, me parece que es de alguna manera aceptar que hay cosas que se perciben con los sentidos y hay cosas que se sienten. No tiene que ver con la brujería ni con ser espiritual en demasía sino con aceptar que hay un sentir, un sexto sentido que existe y me parece que los ojos que ven, que sienten, abarcan de alguna manera todas las formas de percibir que al menos yo puedo nombrar.

Hablando de nombrar, en el cierre del libro un poema dice que hay cosas que se pueden poner de cierta manera y cosas que no. Y es raro porque es un cierre en el que un poco estás negando lo anterior. Como diciendo: “Yo vine acá a decir esto pero acepto hay mil cosas que no puedo decir”.

Sí. Y bueno, cierra con el último poema del libro que es “Palabras” y que termina de alguna manera desmitificando a las mismas. O sea, todo el tiempo estuve trabajando con palabras para buscar, para definir las sensaciones, ese es mi trabajo. Yo trato de poner en palabras o en música las sensaciones, los sentimientos. Y el lenguaje es algo posterior a la realidad. Creo que la realidad existe y después la describís; no es que primero existe la descripción, y las palabras no abarcan de alguna manera todo el sentido. Uno no sueña en palabras, uno no sueña en lenguaje: soñás en sensaciones. Y, al menos en mi forma de pensar, me alivia un montón que haya algunas cosas que se me escapan, que no tengo el control de todo, ni que todo lo puedo calificar, ni que a todo le puedo poner un nombre, ni que todo es definible con palabras.

Vos ahora escribiste este libro, que fue como un rush después de haber visto cosas que venís laburando hace un montón o que quedaron ahí. ¿Sentís que en el futuro vas a querer seguir escribiendo? ¿Lo ves como un paréntesis que hiciste o ni siquiera te lo planteás?

No me lo planteé todavía pero me gustó mucho, ahora lo estoy disfrutando. Ya estamos reeditando. Ya nos quedamos sin libros y ahora se está abriendo la posibilidad de que esté en las librerías. Todavía no pensé en escribir más, ahora me encuentro en un momento donde toda la creatividad la estoy poniendo en el disco nuevo de El Bordo que lo estamos terminando. Vengo de ensayar, estamos ensayando muchísimas horas y estoy terminando de retocar las canciones, así que no estoy pensando ahora en escribir otro libro. Pero la escritura es algo que convive conmigo todo el tiempo y probablemente vaya a escribir algún otro libro. Tenemos un proyecto de escribir un libro con un amigo, que estaba bastante avanzado y se cortó pero quizás vuelva a retomarlo ahora que me lo decís (risas).

Pensando en el nuevo disco de El Bordo, ¿alguno de los poemas que escribiste te hizo pensar que se podía transformar en canción?

Las letras son de alguna manera un poco vivenciales o son reflexiones de lo que está pasando por mi cabeza en este momento. Yo tengo un cuaderno donde voy anotando cosas sueltas que me van apareciendo o ideas que me gustaría plasmar en alguna canción, entonces, muchas veces se cuelan en poemas o se cuelan en las canciones nuevas. El ejercicio de hacer canciones tiene algo de mágico. Por ejemplo, nosotros ahora estamos con el disco nuevo y veníamos diciendo que tenemos como catorce temas. Dijimos: “Bueno, tenemos un par demás”. Y el domingo este me levanté, agarré la guitarra, me quedé en mi casa y una hora y media después tenía una canción entera con la música. Fue con algunas ideas que venía anotando últimamente, que tenía ganas de escribir. Pero el impulso me bajó de golpe, apareció y tenía a mano algunas ideas y confluyeron en eso. Cerré la canción, la llevé el martes a la sala, la ensayamos y estuvo increíble; la ensayamos ayer de vuelta, hoy otra vez y ahora ya te la muestro y decís: “Uy, ya existe”, y no existía hace seis días. Existe a partir de ahora. Hay algo un poquito mágico, hay una alquimia cuando hacés música que es re loco. A mí me gusta tratar de equilibrarlo terrenalmente, porque es fuerte… te juro que cuando termino de componer quiero comer algo. Porque si vos te lo ponés a pensar, de repente pasó a existir algo que no existía y yo debería sentir algún tipo de cansancio, o vacío, o sea, pasó a existir algo de la nada. Siento la composición de una manera fuerte; es un laburo full time que absorbe mi cabeza. Yo vivo por y para hacer un disco de El Bordo cada dos o tres años.

Hablando de la banda, ahora empiezan la gira de los quince años. ¿Qué te pasa cuando hoy te parás desde este lugar y ves a esos adolescentes que estaban en la secundaria y empezaban a tocar?

Y… siento que somos una familia. Somos una familia que pasa algo muy especial cuando tocamos nosotros juntos. La verdad, ni mejor ni peor que nada, simplemente especial. Creo que cuando nos juntamos nosotros cinco y contamos cuatro y caemos sobre el mismo lugar sucede algo que si juntás a otras cuatro personas va a ser distinto. Y nosotros me parece que, creer o no, siempre tuvimos un algo, una conexión que todos la sabíamos. Desde los primeros cassettes o nuestros primeros demos o ensayos. Porque de alguna manera hace quince años que venimos defendiendo este proyecto y todos nos imaginamos que iba a ser duradero. Si nos lo preguntabas en esa época ninguno te hubiese dicho “Nah, yo a los dos años no me imagino actuar esto”. Todos genuinamente teníamos el sueño loco o la ilusión loca de que algún día íbamos a tocar en Obras. No teníamos ni discos compuestos todavía, pero nos imaginábamos que íbamos a tocar en Obras, que un montón  de gente iba a querer cantar con nosotros las canciones y que íbamos a estar nosotros mismos en el escenario. O sea, yo no me imaginaba estar con otros músicos. No me puedo imaginar con otros músicos. Me encanta zapar con otros músicos pero si tengo que tocar las canciones que compongo, yo necesito tenerlo a Pablo en el bajo, a Migue en la batería, a mi hermano tocando la guitarra, como en “El Guerrero”.

Tiene mucha fuerza ese poema…

Mirá, yo un día estaba viendo un documental de The Who, que es una de las bandas que más me gustan, que ahora solamente quedan el cantante y el guitarrista, y contaba Roger Daltrey que cuando murió el bajista dijeron: “Bueno, vamos a salir de gira con otros músicos”, y que el guitarrista cuando estaban tocando y miró al lugar donde por cuarenta años seguidos de su vida tenía a su hermano tocando y no estaba y había otro tipo parado en su lugar se quiso morir. Y yo lo entiendo. Te juro que lo entiendo genuinamente. Yo no puedo pararme en un escenario y que a la izquierda no esté Pablo o a mi derecha no esté Diego. No se me ocurre. Y probablemente yo no sea el mejor cantante del mundo, ni aspiro a serlo, ni Pablo va a ser Jaco Pastorius. Pero cuando nosotros cinco nos juntamos a tocar para mí es lo más importante que pasa en mi mundo. Y nos lo tomamos así desde siempre, te lo juro, desde siempre. Desde el primer ensayo nunca nos tomamos las cosas a medias. Hasta cuando hicimos el primer demo que nos juntamos a hacerlo con cassettes en una sala de ensayo, siempre lo tomamos con la seriedad de que tenemos que hacer algo que esté bueno, que nos rompa la cabeza.

Casi que te emocionás un poco…

Y sí, porque yo me pongo a pensar y es fuerte, es fuerte. Es una familia, y en la familia no está todo bien todo el tiempo. Pero hay algo más fuerte que te une. No te pueden separar, es así. Y con los chicos la verdad que tenemos la suerte de estar en este proyecto y seguir creciendo día a día. Yo acabo de venir de un ensayo donde se nos acaban de ocurrir veinte ideas y es alquimia pura, porque no existían y pasaron a existir ahora y si todo sale bien van a haber chicos que la van a querer cantar con nosotros, y hace seis horas no existían todas esas ideas. Uno es un afortunado, yo me siento muy afortunado y muy agradecido con la vida.

Cuando ustedes tocan se ve que hay una especie de comunión, ¿pensás que los seguidores de la banda sienten que cuando toca El Bordo hay una unión que trasciende el interés y va más bien para el lado de decir “Somos nosotros”?

Sí, somos nosotros. Esa es una frase que se escucha, “somos nosotros”. Yo a veces en los pogos veo grupos de pibes abrazados cantando, porque calculo que percibirán que nosotros somos un grupo de amigos también y genera mucha amistad. Hay mucha gente que me dice que se conoció en los recitales, que se ha hecho su grupo de amigos a partir de la banda, o parejas; hasta han nacido hijos de parejas que se conocieron en nuestros recitales. Creo que se palpa mucho la sensación de amistad y creo que en el próximo disco estamos teniéndolo como un sentimiento presente ese “algo” especial. La verdad que por la forma que yo concibo la música no quiero al mejor bajista del mundo, quiero a mi hermano al lado. Podés traerme a cualquiera que sepa millones de escalas, que toque muchísimo más rápido, que tenga mejor registro de voz que el que tengo yo, más amplio. Sí, pero yo quiero tocar con mi hermano y con mis amigos de secundario. Y más allá de que si nos separás a cada uno individualmente hay un montón de músicos mejores, cuando nosotros nos juntamos hacemos algo que está bastante bueno.

¿Qué considerás como lo más importante, como clave en la música y en la literatura?

Yo creo que una de las claves es tratar de encontrar tu voz y ser auténtico. Ahora tuve la suerte de empezar a producir algunas bandas y produje el disco de La condena de Caín, con Ale Vázquez, y el otro día hablaba con él y me decía qué tiene que tener una banda para que la produzcas. Y es que no se quiera parecer a ninguna banda. Me parece que la búsqueda del camino, el viaje en tu vida, en mi vida, en la vida del vecino, en la vida de todos es tratar de ser auténtico y de ser lo más personal posible. Y conseguir siempre el resultado de que todo sea lo más personal posible. Que sea lo más representativo de vos, de tu persona.

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Redacción ElAcople.com

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