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Catupecu Machu: Laberinto de madera y microchip

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El jueves, Catupecu Machu se presentó en el Teatro Gran Rex y brindó un show conmovedor, repleto de invitados y sorpresas. En un formato acústico electrónico recorrió, a través de la música y el relato, la historia de la banda.

“Madera Microchip” es, en definitiva, un concepto tomado por Catupecu Machu que define fielmente el espíritu de la banda. Como bien lo explicó el líder y cantante Fernando Ruíz Díaz durante un extracto del concierto, se trata de conjugar lo clásico, el sonido de la madera, la guitarra más cruda y el instinto animal, con sonidos futuristas de vanguardia, industriales, fruto del contexto histórico ineludible. El resultado fue mágico: un espectáculo electroacústico envolvente que logró emocionar y trasladar al público a otras dimensiones. No es casualidad, teniendo en cuenta que en agosto y octubre de 2012 habían agotado 10 funciones del ciclo en Samsung Studio.

Ya de movida la puesta en escena representaba la idea del show. Mientras sonaba el tema que da nombre al último álbum, “El Mezcal y la cobra”, los cuatro músicos Fernando, Macabre, Sebastián Cáceres, y Agustín Rocino, alineados frente al público, iluminados en medio de la penumbra, se rodeaban de pantallas holográmicas de colores que simulaban ser circuitos electrónicos. A todo esto, Agustín “Buho” Rocino, quien cumplía años, dejó de lado su batería para sentarse sobre y acariciar un cajón peruano. Además, los imponentes juegos de luces creaban con solidez la sensación de que el público era parte fundamental del decorado.

La lista de temas tuvo el mérito de viajar por todas las etapas de la agrupación. No es casual, entonces, que cada canción fuera presentada previamente por Fernando con un cuento, una historia o una anécdota que enriquecía el sentido histórico de cada melodía, y hacía partícipes a los espectadores de las pequeñas cosas que hacen al día a día de Catupecu Machu desde sus orígenes. Con “Refugio” comenzó a crearse un círculo energético de intimidad entre las partes constituyentes del show; músicos y público empezaban a sentir las mismas cosas, emociones y recuerdos, que pasaban directamente al cuerpo, como electricidad.

La otra clave del show para lograr emocionar fueron los invitados. Cada uno de ellos tenía un porqué real que justificaba su presencia, y no se trató sólo de grandes artistas, sino también de amigos y colaboradores de la banda. Los primeros en llegar fueron los hermanos Manzella, Laura y Mariano, amigos de la infancia de Fernando y Gabriel con quienes compartían tardes en la Plaza Los Andes de Villa Luro, que subieron para llenar de aire flamenco las estrofas de “Ví llover”. Mientras la lluvia caía por las pantallas creando un ambiente nostálgico, la danza de Laura y la guitarra de Mariano prendían fuego el escenario. De fondo se percibía el juego perfecto entre el sonido de los bajos, el cajón peruano y el robusto zapateo de la bailarina.

Luego de “Mil voces finas”, al festejo se sumaron dos figuras del tango para interpretar “Klimt”: la legendaria Amelita Baltar, ex esposa y musa inspiradora de Astor Piazolla, y Ariel Hernández en compañía de su bandoneón, y por detrás brillaban las obras del artista que hace honor al tema. Para “Entero o a pedazos” los invitados fueron Javier Weintraub y su violín, músico que colabora con la banda desde hace varios años.

Se acercaban momentos especiales. Y es que el concierto terminó siendo, además de una recorrida por la vida de Catupecu Machu, una suerte de homenaje al rock nacional y a la cultura popular. Y de esta forma ingresaron Germán Daffunchio, Gabriela Martínez y Sebastián Schachtel, voz, bajo y teclados de Las Pelotas, para tocar “Magia Veneno”.

A esta altura qué más de puede pedir, pensamos todos. Y la gran sorpresa fue el ingreso de Jaime Torres, el tucumano que con sólo un charango rompe todas las barreras y nos representa extraordinariamente en el mundo entero, acompañado de su hijo y su yerno. Los cuatro formaron un pequeño semicírculo en el centro del escenario e improvisaron “La llama”, primer tema compuesto por Fernando por el cual recordó con mucho amor a su padre Rubén, responsable de que hoy saque música de su guitarra.

Luego del segundo intervalo, el repertorio continuó con “Ritual” y “Cuadros dentro de cuadros”, en las versiones de “Laberintos entre artistas y dialectos”, disco especial ya que fue el primero luego del accidente de Gabriel. “Aprendimos a andar en un laberinto del que aún hoy no podemos salir y hablar un dialecto extraño, que algunos hoy seguimos aprendiendo”, explicó Fernando.

Gustavo Cerati también estuvo presente a través de la voz del líder, y su nombre suscitó los aplausos eternos del público. Lo mismo ocurrió con Lisandro Aristimuño, quien iba a estar presente en el teatro pero no pudo asistir por problemas personales. Enseguida sonó “Perfectos Cromosomas” y se notaba que el final estaba cada vez más cerca. “A veces vuelvo” gritó una nena de no más de 6 años, y sensibilizado por el nacimiento de si hija Lila hace 6 meses, Fernando le concedió el deseo pero solo con la condición de que el público lo acompañara, y así fue. Para cerrar la noche, mientras eran pocos los que seguían sentados en las paquetas butacas del teatro, dejaron “Y lo que quiero…” y “Metrópolis nueva”.

Pocas veces en el rock ocurren momentos como estos. No solo por los caudales de energía viva que desprende Catupecu Machu, sino además por ser una banda que no se olvida de sus orígenes populares, sino que los reivindica, y a cada instante a través de sus letras y melodías rinde homenaje a todos aquellos que aportaron a su creación, sean grandes artistas, íntimos amigos o familiares. Anoche, quienes formaron parte de la magia sintieron en el cuerpo como electricidad cada una de las palabras dichas, las estrofas entonadas y las melodías practicadas.

*Fotos por Fabiana Solano

 

Redacción ElAcople.com

2 Comments

  1. Karina

    31 agosto, 2013 en 09:45

    Hermoso recital!!

  2. Juan

    30 agosto, 2013 en 20:24

    Excelente interpretacion de lo que fue el show de Catupecu. La rompieron!

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