DISCOS

Pasado, presente y futuro

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De la mano de colaboradores de la talla de Julian Casablancas, Giorgio Moroder y Pharrel Williams, los Daft Punk hacen un repaso por los cimientos de la electrónica para encontrar nuevos caminos en “Random Access Memories”, su nuevo disco.

Al fin y al cabo lo que es importante es saber mantener la ilusión, y esto es algo que Guy Manuel De Homem-Christo y Thomas Bangalter han sabido hacer por largo tiempo. Enfundados en sus cascos robotizados, los integrantes de Daft Punk se han encargado de mantener la ilusión de estar compuestos íntegramente por cables, circuitos, samplers y beats. No solo esto logró el dúo de franceses: tras casi 8 años desde su último disco de estudio y de la mano de una aceitada campaña de marketing, han logrado crear un clima de enorme expectativa detrás del lanzamiento de su cuarto disco, “Random Access Memories”.

Superada la espera, el álbum se revela como un interrogante lanzado al aire: la pregunta de cómo es posible hoy en día recuperar la ilusión en la música. En el título del disco y  en la primera canción se pueden rastrear dos respuestas tentativas; lejos de ser un disco centrado en la electrónica y sus subgéneros, “Random Access Memories” convergerá entre la música disco con toques house, pasando por el soft rock de los 70’s, el soul y hasta canciones de pop progresivo. Mediante este recorrido, la obra aparece como un dispositivo de memoria aleatorio que sumergiéndose en las bases de la electrónica, intentará recuperar la esencia (perdida) de la música.

El  primer tema del disco, “Get life back to music”, con su estribillo vocoderiado (“Let the music of your life / give life back to music”), podría funcionar como primer argumento de esta hipótesis. De la mano de la guitarra de Nile Rodgers, esta canción mezcla de pop progresivo y disco nos introduce de lleno en las posibilidades sonoras de este ambicioso lanzamiento.

Este disco está plagado de colaboraciones. Los dos temas más hiteros del disco, “Get lucky” y “Lose yourself to dance”, tienen como cantante a Pharrell Williams, que lejos de acaparar toda la atención, presta su voz en un dueto con las robóticas para dar lo que podrá ser uno de los estribillos más coreados del año. En la misma línea está la participación de Julian Casablancas en “Instant Crush”, que disimulado tras un vocoder se despacha con un falsete que, en conjunto con el trabajo de las guitarras, hacen de esta canción un hit a descubrir.

Párrafo aparte para el tema más impresionante del disco, “Giorgio by Moroder”, en el que el productor pionero de la música electrónica, Giorgio Moroder, relata sus inicios en la música. Este es el único aporte de Giorgio en la canción, pero sobre esta pequeña introducción se irá construyendo una melodía que al momento en que pronuncie su frase introductoria (“My name is Giovanni Giorgio, but everybody calls me Giorgio”), aparece el “clic” de los sintetizadores y el tema explota en una carrera hacia adelante que incluirá desde arreglos de orquestas hasta un solo de guitarra, todo en un crescendo descomunal.

Estamos frente a un disco cuyo despliegue y ambiciones no puede ser contenido en una simple reseña. Falta espacio para explayarse sobre “Touch”, “The Game of  Love”, “Doin’ it Right” o “Contact”, todos temas con infinidad de detalles que obligan a escucharlos una y otra vez. Una vez que termina “Random Access Memories”, uno tiene la sensación de que el tiempo eclosionó en sí mismo, que el presente ha llegado a morderle la cola al pasado para dispararse a un futuro desconocido y emocionante. Y es que, por suerte, la magia sigue intacta.

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