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El fuego de Foals

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Antes de su llegada a Argentina, Foals entrega “Holy fire”, su nuevo álbum en el que demuestran que son mucho más que una moda británica.

Mientras esperábamos el show de los Red Hot Chili Peppers, allá por 2011 en un Estadio de River colmado, los oídos atentos (y puntuales) pudimos disfrutar de Foals, quienes como teloneros presentaban su disco “Total live forever”. Más allá de atraernos o no el género (anclados en la mejor tradición new wave) pudimos ver a una banda ajustada al extremo y con un sonido impecable que resultó un inevitable llamado de atención.

Retornando del flashback, “Prelude” es una gran introducción para “Holy fire”, su nuevo álbum: un pequeño punteo, al que se le van sumando los demás instrumentos, un ritmo de maracas, otra guitarra picando las cuerdas y una voz lejana, como si llegara a través de una radio con interferencia. Segundos después es la batería la que marca la base, se suman teclados, y la viola se desprende más al frente. Pero, de repente, la calma para que luego la melodía vuelva con más fuerza. Una apertura enigmática, que seguramente funcionaría a la perfección en las presentaciones en vivo.

Le sucede “Inhaler” con una cadencia new wave -su marca registrada- pero con un estribillo mucho más potente desde la voz, sobre todo desde el riff de sintetizador.

“My number” es promesa de hit instantáneo; una canción irresistible que provoca cantarla y bailarla. Es movimiento puro desde ese punteo ínfimo del principio. “Everytime” es otro tema que bien podría sonar en las radios.

Mediante guiños a sus coterráneos de Radiohead (los Foals también son oriundos de Oxford) comienza “Late night” como una balada lacrimógena, para mutar en un mid tempo comandado por un groove in crescendo que desemboca en el lamento de la letra: “stay with me”, entona Andrew Mears antes de un solo de guitarra fragmentado y casi escalofriante.

Por momentos eclécticos en “Providence”, o reflexivos y melancólicos en “Stepson”, Foals construye un disco en donde los matices nos llevan de la mano a recorrerlo, pero siempre con un sonido característico, que va dejando una marca, una huella personal muchas veces comandada por los teclados de Edwin Congreave. Por último, “Moon” nos envía al espacio ida y vuelta en lo que es el tema que atrapa más en su clima (en una producción ya de por si atrapante), ideal para escuchar con auriculares.

Año y medio más tarde de aquella temprana presentación en Argentina, a esa química y urgencia del vivo le han sumado un tercer disco que los muestra más afianzados, más maduros y con un abanico mayor de posibilidades, siempre con el post-punk como bandera. “Holy fire” los aleja del simple furor que fueron en su tierra natal para confirmarlos como una banda para tener en cuenta, para seguir de cerca.

*Foals toca el martes 2 de abril en el teatro Vorterix, Federico Lacroze y Álvarez Thomas, a las 23. Entradas anticipadas a $ 250.-

Redacción ElAcople.com

2 Comments

  1. dan-rivero

    5 abril, 2013 en 00:11

    Estoy llegando un poco tarde a la reseña, pero el cantante no es Andrew Mears, es Yannis Philippakis.

  2. JorgeSamid

    26 marzo, 2013 en 15:01

    Muy buena la tapa del disco. Y que saladas las entradas, la puta madre.

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