Ese amigo del brandy

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Javier Aguirre llevó al formato libro al Inspector Diamond Gerace, surgido en la revista Barcelona. Al respecto de la obra, El Acople charló con el autor.

Desde la primera página de “Inspector Diamond Gerace y el Edificio del Sol” queda presentado el caso que deberá resolver el héroe de la historia: explotó una de las edificaciones más importantes dela Ciudad de Buenos Aires y la cifra de víctimas fatales no deja de ascender. Todos y cada uno de los organismos de seguridad del país se ponen al servicio de hallar responsables; sin embargo, las verdaderas expectativas y esperanzas están depositadas en una sola persona.

Este hombre, el inspector Diamond Gerace, no es precisamente un canto a la envestidura sino todo lo contrario: su principal aliado no es la lupa o el piloto, sino el brandy. Él no puede estar un momento sin beber, y sus días se agotan entre borracheras y vómitos. No obstante, en esta figura sucia, transpirada y solitaria se halla la ilusión de justicia, en esta novela escrita por Javier Aguirre y editada por Galerna.

Justamente, con el autor del libro, fundador de la revista Barcelona y colaborador de Página 12, El Acople conversó a propósito de su flamante obra. Aunque, también, hubo tiempo para conocer sobre su formación como lector y sus predilecciones: “Es, naturalmente, un camino errático que pasa por Borges, Fontanarrosa, Stephen King, Mansilla, mucha ciencia ficción, bastante historia. Y dentro del género policial, Leblanc, Christie, Conan-Doyle, Leroux, Simenon, a cuyas copas en horario laboral honra (y casi burla) el inspector Diamond Gerace”, contó.

Una cuestión central de la historia son los lugares y los personajes detectivescos a la usanza norteamericana; el Council, el comisionado, etc…

Creo que la línea norteamericana viene en realidad dela TV, de las series policiales que siempre consumí y sigo consumiendo. De hecho, aunque mi detective vive en Buenos Aires, habla y piensa como si fuera un personaje de una serie anglo, traducida en América Central, como una alucinación verbal derivada de su psicodelia de brandy.

Alguna vez, ¿será posible que el inspector Gerace se rehabilite de sus problemas con el alcohol?

Difícil, el brandy es su principal aliado, mucho más que la lupa, la placa, la pistola, el perro sabueso, el impermeable color hueso, o cualquier atributo clásico de detective. Es su ángel y su diablo al mismo tiempo.

Él se siente muy atraído por Graciela Higo, la agente que le es asignada como asistente. ¿Ves posible que la conquiste?

La tensión sexual entre el detective y la mujer-policía es otro elemento estereotipado que viene de las series de TV. Gerace e Higo son muy distintos, deliberadamente distintos. Ella es metódica, él es intuitivo. Ella es pulcra, él tiene tantas capas de vómito añejo en su ropa que parecen eras geológicas. Ella es trabajadora, él ama zafar del trabajo. Ella es hembra y él es macho. Ahora que lo pienso, así planteado, no hay que descartar que alguna vez haya romance…

Uno de los personajes que aparecen en el libro es la cronista de televisión, que va relatando las últimas novedades del caso. Ella comete algunos pecados en su oficio, como prejuzgar y fomentar la condena social sin culpabilidad demostrada. ¿Podés mencionar periodistas que no caigan en eso? ¿O es un mal común del gremio?

Esa movilera es una caricatura. Yo soy periodista, y llevo años agarrándome la cabeza e indignándome al leer diarios o al ver noticieros, no solo por el contenido sino en especial por la forma: cómo se cuentan las cosas. Especialmente, con los movileros. La mirada de la prensa, en “Inspector Diamond Gerace y el Edificio del Sol”, funciona como un coro griego. Es una especie de narrador omnipotente, casi pasota, que mira la vida con saña, desde fuera, con desprecio, que se siente más allá de todo. Cada cosa que dice la prensa es lapidaria, inapelable.

Más de un capítulo cierra con un pensamiento interesante, sobre todo en los episodios de la primera mitad del libro. Por ejemplo, en el capítulo 4: “Un hombre adulto no siempre escucha los reclamos de su jefe; un hombre adulto escucha los reclamos de su propio hastío”. ¿Cuáles son las cosas que te hastían y se convierten en reclamos?

Supongo que ese resignado rechazo al deber y ese áspero fastidio hacia las obligaciones que aquejan tanto a Diamond Gerace, en un punto me deben definir también a mí. Las reflexiones del fallecido mentor de Gerace, el comisario inspector Santagada, que aparece en la novela como una especie de fantasma, son como un oráculo. Parecen interpretar y explicar siempre lo que siente el inspector. Ese espectro es quien, desde su impunidad fantasmal, en cierto modo baja línea sobre algunas cosas.

¿Habrá un segundo libro, con un nuevo caso para Diamond Gerace?

Puede ser. Gerace resolvió más de 200 casos cortos en las páginas de la Revista Barcelona, donde surgió. En este formato de novela, el título juega con la existencia de una supuesta serie o colección, en la que cada título empieza igual: “Inspector Diamond Gerace y… tal cosa”. Como los libros del comisario Maigret, por caso. Me imagino que un inspector afronta un caso por día, o por semana. Y en tantos años de carrera, el inspector habrá resuelto miles de casos. Cada caso, un libro. Aunque no creo que escriba miles de libros, claro.

Redacción ElAcople.com

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