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Hora de empezar a mover

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Illya Kuryaki and The Valderramas, Molotov y Kapanga armaron la fiesta de despedida del Cosquín Rock, que cerraron Babasonicos y Las Pastillas del Abuelo. Dancing Mood, Zona Ganjah y Nonpalidece, entre otros, animaron el escenario del reggae.

Después de dos jornadas que convocaron a más de 40.000 personas cada una, la última fecha del Cosquín Rock, llevada a cabo el lunes, atrajo a menos gente; precisamente, la cifra de espectadores bajó a 30.000 para el cierre del festival. De todos modos, el responsable del evento, José Palazzo, principió su conferencia de prensa mientras Molotov subía al escenario diciendo que el balance había superado todas las expectativas y que jamás había creído que recibirían tanto público.

También, el productor contó una anécdota al respecto de la inclusión de la banda mexicana en la grilla: estaba él con los músicos, “en un baño, a las cuatro de la mañana, en las condiciones propias de un momento así”, y le pidieron que los llevara al Cosquín Rock. Por el valor del dólar, según explicó, era inviable traer grupos extranjeros ya que habría que aumentar considerablemente las entradas; no obstante, los cuates vinieron a cambio de los pasajes nomás. Un buen gesto, o lo bueno de estar en el momento justo en el lugar indicado. Lo mejor, a fin de cuentas, fue que Molotov hizo el show que todos esperaban, haciéndole honor a su nombre propio de bomba: rock, al palo y sin tregua de la mano de “Chinga tu madre”, “Puto” y “Amateur” por ejemplo. “Son una verga”, se despidió Tito Fuentes, con un elogio preferible a eso que nadie ya cree, de que son el mejor público del mundo.

Pero todo esto ocurrió en el Escenario Principal, ya de noche; antes, cuando todavía había sol, estuvieron en esas mismas tablas Caperucita Coya, El Kuelgue, Las Manos de Filippi, Massacre y Kapanga. Mientras que los últimos de esta lista sacaron la chapa de haber estado en doce de las trece ediciones del evento, armando su fiesta tan habitual como inoxidable, Wallas y compañía aprovecharon los 45 minutos que tuvieron para hacer la mayor cantidad de temas posibles y, también, festejar la renuncia de “un Papa nazi”.

En la otra punta del predio, en cambio, la cosa no era de rock sino de reggae y es que de ese género fue en este caso el Escenario Temático: Rondamon, Contravos, Hijas de Zion, Riddim, Kameleba, Resistencia, Dancing Mood, Zona Ganjah y Nonpalidece fueron las bandas encargadas de animar a todos aquellos que querían despedirse del evento en paz y con una sonrisa. Además, en el medio de uno y otro escenario, tuvo espacio el Hangar con el lema Rock Para Todos donde estuvieron Locomotor, Arkadia, La Perra que los Parió, El Mendigo, Sangre Caliente, Buenos Aires, Los ojos de Clarence y Rey Argento entre otros. Y, por si toda esta oferta resultara poca, también había un lugar para la Carpa Fiesta Bubamara, que contó con Onda Vaga como número de apertura.

Illya Kuryaki and The Valderramas surgió en la escena central, después de Molotov; no obstante, durante el set de Dante Spinetta y Emanuel Horvilleur los mexicanos regresaron como invitados especiales para cantar “Madafaka”, correspondiente al disco que marcó el retorno del grupo (“Chances”). Este encuentro, por cierto, fue registrado y conformará el video del tema en cuestión.

Hacia 2012, el dúo y su grupo hicieron el show del festival que más miradas tuvo encima, debido al fallecimiento de Luis Alberto Spinetta; en esta ocasión, fueron el espectáculo que más aplausos se llevó, junto a lo que habían hecho días atrás Fito Páez y Viejas Locas. Plenos de energía, Dante y Emanuel se comieron el escenario con todo su despliegue de baile y agite, gracias a una lista que no escatimó hits: “Chaco”, “Jaguar House”, “Jennifer del Estero”, “Remisero” (con Fabricio Oberto en guitarra) y el cierre a pogo total con “Abarajame”. También, hubo espacio para la emoción: “Este es para vos, papá”, dedicó Dante “Águila amarilla” y las pantallas acompañaron el homenaje con fotos de distintas etapas de la vida del Flaco.

Después, llegaría el turno de Babasonicos, que regresó al evento y ofreció su siempre inobjetable show, incluyendo buena parte de algunos de sus tantos hits, que teniendo en cuenta el marco festivalero sería impiadoso no tocar: “¿Y qué?”, “Los calientes”, “Putita”, “Irresponsables” y más. Finalmente, surgió Las Pastillas del Abuelo, cuando ya era de madrugada y la melancolía quería comenzar a ganar lugar en los corazones que se resistían al final del festival, que inevitablemente sobrevino. “Tratamos de ir despacio y disfrutar las cosas, no está nada mal cerrar el Cosquín Rock por ejemplo, ¿no?”, había dicho horas antes Piti Fernández en conferencia de prensa, hablando de los objetivos y ambiciones de la formación.

Tristemente, a las cuatro de la mañana, ya era hora de dejar el Aeródromo de Santa María porque todo había concluido. Sin embargo, allá en la entrada al festival, cerca del monumento a la guitarra, donde el lugar se aboga el título de Capital del Rock, un nutrido grupo de fanáticos se resistía a pegar la vuelta y estiraba el momento, brindando con cerveza ya caliente, cantando canciones de La Renga, haciendo flamear banderas, abrazándose con desconocidos en cada estribillo; sin pensar en el futuro, en ese mañana que los encontrará nuevamente un año después, en el mismo lugar, haciendo lo mismo, conformando esa entrañable postal de nuestro rock.

*Fotos por Fernando Fernández

Redacción ElAcople.com

2 Comments

  1. juansito

    1 marzo, 2013 en 15:42

    onda vaga cerro la carpa, no la abrio. y la sola mencion de todas las bandas que estuvieron… tiene sentido? que el redactor se limite a lo que vio y listo, la lista sabana porque si no suma nada. aguante el cosquin! Juan de Cordoba!

  2. Juan Domingo Rios

    15 febrero, 2013 en 02:47

    Concuerdo con el análisis, muy satisfecho por la posibilidad de múltiples opciones aunque a veces te lleva a descartar entre dos buenas propuestas, quisiera señalar aspectos a mejorar: los tremendos embotellamientos en la ruta que impiden llegar a horario, los alojamientos insuficientes, los desmesurados precios de las bebidas y comidas en el interior del predio, el intimidante acoso represivo de la policía cordobesa, especialmente en el largo corralito de entrada, y en esta oportunidad la exasperante y desaforada promoción del ambicioso De la Sota que desplegó todo su merchandising como candidato, solo faltaba que aparezca en el escenario. Dos cosas que considero fuera de lugar: los fuegos artificiales para Charly mientras en otros escenarios había artistas actuando y la presencia en escenario de los veteranos de Malvinas. ¿Es aceptable que desde el rock se resignen tantas cosas especulando solamente en que los números cierren?

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