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La furia de la bestia rock

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Dicen que todas las cosas pasan por algo, que no se cierra una puerta sin que se abra una ventana, y como reza la canción, que hay oportunidades oportunas, de reencuentro, de fiesta, de alegría. Más o menos eso significó el reencuentro de La Renga con su público en las sierras: una previa llena de música, asados y amigos, al lado del rio; un día totalmente dedicado a esperar el recital y palpitar la adrenalina de la noche.

A las diez y cuarto de la noche las luces se apagaron y un doble bombo anunció el esperado comienzo: la detonación llegó con “La furia de la bestia rock”, y acto seguido Chizzo agradeció a las autoridades de Santa María de Punilla por poder realizar allí el show que estaba previsto para el 19 de enero en el Autódromo de Buenos Aires y que debió cancelarse por falta de los permisos por parte de las autoridades de Capital Federal, deslizando el cantante que las razones de esta negación serían de índole política y que obedecen a medidas discriminatorias. Pero las palabras no tendrían el protagonismo de las canciones en una noche que acompañaba desde todos los aspectos. El show siguió adelante con “A tu lado”, y el clásico “A la carga mi rocanrol”.

El set fue mezclando canciones de todos los tiempos; “Canibalismo galáctico” abrió la puerta a un momento power en el que brillaron “Oportunidad oportuna”, “Detonador de sueños”, “Motoralmaisangre”, “Tripa y corazón” y “Algún rayo”.

Generosos como siempre, los invitados estuvieron a la orden del día con la presencia de Edelmiro Molinari, a cargo de “Hace como dos mil años”, Nacho Smilari para “Poder”, y Lalo Toral de El Tri para la clásica balada “Triste anción de amor”.

Las dos pantallas de los costados emulaban la colorida escenografía elegida para esta ocasión y reproducían los momentos más candentes de la noche. Luego de “Montaña roja” el polvo que se había levantado era demasiado abundante y la banda puso paños fríos con “Dioses de terciopelo”.

La noche iba avanzando y con ella iban pasando los clásicos y sorpresas: “Psilocybe mexicana”, “El twist del pibe”, “En el baldío” y “El rey de la triste felicidad” brillaron como infaltables en la lista, y quedó espacio y lugar para incluir “Desnudo para siempre” y “El viento que todo empuja”, palpitando el cierre inicial que sería con “La razón que te demora.

Para los bises volvieron con “Ser yo” y con remeras que rezaban “Libertad a Callejeros, la música no mata”; Chizzo, por su parte, le habló a su público instando a que investiguen y se informen refiriéndose a toda la situación como “una enorme injusticia”, y a ellos les dedicó el cierre del show con “El final es en donde partí” y “Hablando de la libertad”.

Cerca de 24.000 personas vibraron durante más de dos horas en un concierto donde hubo espacio para hablar de políticas discriminatorias, de injusticias,  para exhibir remeras y banderas anti minería, pero también, y especialmente, para saltar, vibrar y reencontrarse con la furia de la bestia rock.

*Foto por Fernando Fernández

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