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Lejos de la resaca

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Zakk Wylde volvió con Black Label Society para oficiar de acto apertura de Slash, no si antes brindar su propio show en el Teatro Flores, el pasado viernes.

Ya sin la presión de ser la mano derecha de Ozzy Osbourne, sin tantos excesos y sin (serios) problemas médicos, Zakk Wylde ha volcado toda su energía en Black Label Society. Los resultados son visibles, con interesantes discos nuevos después de un par de traspiés y giras largas alrededor de todo el mundo. El público ya había disfrutado a la banda en diferentes formatos así que esta vez solo quedaba mostrar la fidelidad y tan solo disfrutar del show.

Sin bandas soportes, a las 9 de la noche cae el telón y salen con “Godspeed hell bound”, del disco “Order of the black”. Con un sonido que fue de menor a mayor el público se mostró eufórico, sobre todo al caer los primeros clásicos de la noche como “Bored to tears” o “Bleed For me”. El nuevo baterista, Chad Szeliga, se adapta fácilmente al tridente histórico de Wylde, Catanese y De Servio. De aspecto punk rocker y de estilo casi progresivo, no deja huecos por llenar. Pero aunque estemos viendo a una banda que lleva un tiempo considerable con una formación establecida, al mismo tiempo es el pseudónimo de Zakk Wylde. El sonido es suyo, las canciones son suyas, los solos son suyos y el protagonismo es suyo. Esta vez no tan charlatán, excepto para presentar a sus músicos o para brindar ocasionalmente, aunque con lo que visiblemente podría ser jugo de manzana. El rubio se ha tomado en serio esto de dejar los excesos.

La escuela de Wylde son los riffs de Black Sabbath con la tradición de la música norteamericana en toda su expansión. Por eso se puede dar el lujo de sentarse al piano y mostrar sus habilidades antes de “In This River”, en una versión un tanto saturada por el alto volumen como para apreciarla en su totalidad.

A pesar de acusárselo de no innovar mucho en su propuesta, lo cierto es que a la hora de los shows, Zacarías siempre está pensando en el presente y en el futuro. La gente así lo entiende y por eso no sorprende que canciones relativamente nuevas como “Overlord” sean de las más festejadas. También suma la decisión de no elegir siempre las mismas canciones, por lo que el público se muestra muy entusiasta al entonar gemas como “The Blessed Hellride” o la enorme “Forever Down”, que increíblemente no había sonado en shows pasados.

Por supuesto, los clásicos funcionan como tal y canciones como “Suicide Messiah” o “Concrete Jungle” levantan a todo el lugar además de que en ese momento el audio es óptimo y se puede disfrutar las canciones como se debe. Más allá de eso, la banda sigue teniendo cierta actitud que sus detractores siempre remarcan. Esto es: el clásico e innecesario solo de diez minutos de Zakk que honestamente siempre es limitado (curiosamente en un tipo muy hábil) y no aporta demasiado, además de cortar demasiado el clima del show. También cierta sensación de estar sobre aceitados por momentos y el espíritu de piloto automático de ciertos discos de antaño, también aparece durante el show.

De todas maneras el público va a buscar justamente eso. Piloto automático o no, Black Label Society da un show puro de rock and roll.

* Foto por Fernando Serani

azafatodegira.com

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