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La grulla vuela hacia 1998

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El jueves, en Niceto, El Vuelo de la Grulla continuó con la presentación de su disco “Metamorfosis”.

El power trío del baterista Sebastián Cardero es, por lejos, la banda menos “piojosa” de la diáspora que siguió a la disolución de los liderados porAndrés Ciro Martínez: un grunge crudo, bien de trío, distanciado del rock de estadios de su banda anterior, ideal para un jueves de Niceto. Me preguntaba si lo seguirían “piojosos”, si encontraría bermudas y camisas leñadoras. A un año de su debut, se me daba la chance de comprobarlo.

Me perdí a los siempre interesantes 3 miligramos, quienes tocaron tempranísimo para un jueves, así que sólo alcancé a ver a Monos en Bolas, la otra banda invitada. Eran ellos bastante más cercanos al espíritu y sonido de Los Piojos. Una banda ordenadísima, de cuidado sonido. Se destacaron la voz ricardomollesca del cantante y el hiperbólico final, una especie de repaso por todos los finales del rock, el ralentando, el platilleo, el redoble largo, el largo acople, el drum-tum-bum-plá con coreografía headbanger, el solo final… una revisión interesante. Pero como dice el temita ese, todo tiene ocho finales, todo termina.

La sala empieza a poblarse, hasta futbolistas en vigencia se dejan ver, mientras un oscuro rocanrol ameniza la espera. Puntualmente a las 10.20 se abre el telón mientras “Hombre araña” da de lleno en la cara de los presentes. El agregado de un cuarto integrante en las sombras del fondo, un guitarrista y tecladista misterioso, le suma intensidad al trío ya de por sí intenso. Porque siguen con “Misiles”, más fuerte que nunca, y “Sucede”, para el que invitan al Changuito Farías Gómez a tocar unas percusiones. Algunos problemas con el sonido empiezan a aparecer, un acople de algún micrófono en la percusión que retrasa el comienzo de una canción, algún recomienzo de un tema, pero nada que empañe la fuerza de la banda. Tienen algo que recuerda al Pearl Jam de los dos últimos discos, algo que es levemente grunge pero que es muy rockero, aunque también puede ser que los dos bateristas son monstruosos. Roger se destaca por sobre el resto de la banda sin decir una palabra; allá atrás con sus auriculares y casi oculto tras los cuerpos de su batería es él la potencia de la banda, un músico de mucha clase, más allá de que la base que conforma con su hermano Fernando en el bajo sea muy sólida.

Dentro de esa demostración de intensidad se despachan con “uno de Juan Lennon”“Hey Bulldog”; una linda versión, respetuosa de la original y muy festejada por los presentes. Fue momento oportuno, entonces, para pasar a mostrar después su otra veta, más colgada, etérea, con una larga intro levemente folklórica para “Parte de mí”. Al comenzar el tema siguiente, un nuevo error obliga a recomenzar. Suena bien, fuerte, tiene un interesante solo de sintetizador pero algo parece suceder, como si algo los hubiese incomodado. Levantan con “Chico viejo”, un tema hecho a la medida del tándem conformado por los Cardero“Hombre tiempo atrás”, con elChanguito de vuelta, esta vez haciendo unos arreglitos de guitarra, y sin Roger, le pone de vuelta un colorcito neofolklórico a la noche. Pero la vuelta se demora un poco, hay como una cierta dispersión en el aire, como si esa energía inicial se fuera disolviendo en la misma noche. O como si hubiese demasiadas cosas en el programa.

Tienen su momento los dos hermanos solos con una buenísima zapada a la que se van uniendo uno a uno los demás, incluido un solo de “air bass” del guitarrista Guillermo Cudmani, quien presenta a todos los integrantes menos al guitarrista tecladista del fondo. Luego llegó el momento de un cover un poco inexplicable como fue “Alive”, de los de Eddie Vedder. Inexplicable porque quizás se lo sobredimensionó, de alguna manera. Una versión respetuosa, sí, pero que a esta altura de la vida de todos nosotros ya ha sido suficientemente escuchada, y como si no tuviesen ellos mismos canciones mejores que esa, una vez terminado el hit repitió Cudmani el estribillo “para que lo canten todos”. El entusiasmo que despertó en el público esa canción fue increíblemente menor que el que parecía despertar en el cantante. De hecho, “En el camino”, la canción siguiente, un gran tema de EVG, levantó el entusiasmo, al menos, en este cronista, porque fue una versión eléctrica, rockeada y sin dudas con una energía extra aportada desde la percusión por Farías Gómez, un Chapu Braña del rock, a esta altura.

Para el final nos dejaron un tema nuevo, “Sonríe”, la presentación de Germán Parise, el multi instrumentista invitado, y una buena versión de“Agua de mar” con un tremendo solo de whammy en su coda, quizás el momento de mayor psicodelia en toda la noche. A mi alrededor ya no había tanta gente como al inicio y no sé si era porque era jueves o porque era 1998 y la Grulla nos había volado hasta allí.

* Fotos por Fernando Fernández

Redacción ElAcople.com

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