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Estás loco, San Pedro

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El sábado, se llevó a cabo la primera edición del festival Mastai en el Balneario Municipal de San Pedro. Manu Chao, Ciro y Los Persas, La Vela Puerca y Nonpalidece fueron los números principales de una jornada que convocó más de 30.000 personas.

En la mayoría de las decenas y decenas de micros que llegaban a San Pedro el sábado, durante la mañana, el mediodía y la tarde, había jóvenes con remeras de Los Piojos, Ciro y Los Persas, La Vela Puerca y Manu Chao; no fue casual,  ya que estos tres últimos eran los números principales de la primera edición del festival Mastai, que se llevó a cabo en el Balneario Municipal de la ciudad.

Arquitectura baja, mucho verde y bicicletas recibieron a esos más de 30.000 visitantes, desde cuyos transportes salían cánticos, humo, olor a alcohol y canciones. También, otros anfitriones fueron las improvisadas parrillas al paso, que con hamburguesas, choripanes, cerveza y fernet apaciguaron el hambre y la sed de todos. Por último, resta mencionar al habitante menos amable y más impiadoso: el sol, que con su furia hizo imposible no buscar desesperadamente la sombra. Pero, una vez encontrada esta, por ejemplo al pie del árbol de una plaza, la previa al show era inmejorable y hasta hubo quienes aprovecharon para hacer una siesta; no fue mala idea, puesto que la cosa duraría hasta la madrugada.

A los costados del ingreso al balneario, un viejo lugareño y una joven compañera vendían las famosas naranjas del sitio sobre un tablón; cordiales, ofrecían rodajas para probarlas y, con una sonrisa, si la charla fluía, denunciaban que Mónica y César, los vecinos más famosos de la ciudad, tenían un monopolio de esa fruta allí. El predio dispuesto para el evento en sí, como la ocasión ameritaba, era amplísimo; al advertir la arena, rápidamente la gente se quedó en patas y a un costado, tras las vallas, el río era una tentación para terminar de refrescarse por completo.

Había dos escenarios, bastante próximos uno de otro; el principal que era el Norte y el secundario que era el Este, y nunca hubo música en simultáneo sino que apenas finalizaba la acción en uno, iniciaba en el otro. Sobre un lado de ambos, se mostraba un cronómetro visible tanto para el público como para los músicos y, apenas sonaba el primer acorde, el reloj comenzaba una cuenta regresiva. En la mayoría de los casos, había veinte o treinta minutos para cada banda; así, durante ese breve tiempo, empezaron demostrando lo suyo Chancho Va, Mombojo, Caperucita Coya, La Chilinga Orchestre International du Vetex. Esta orquesta, proveniente de Bélgica, hizo bailar a todos con sus canciones fiesteras, ejecutadas con una actitud y energía contagiosas.

A las seis de la tarde, en el escenario principal, era el turno de Jauría con su nuevo guitarrista, Sebastián Ambesi, que entró al grupo en reemplazo del recientemente alejado Esteban “Pichu” Serniotti; con Ciro Pertusi al frente, más la potencia que impulsa desde la batería Ray Fajardo, la banda hizo media potente hora de rock con sus temas y algunos que su voz hacía en su etapa de Attaque 77,como el del final, la versión de “No me arrepiento de este amor”. De inmediato, hacia el este, llegó el turno de Micky Rodríguez y su nuevo conjunto, La Que Faltaba; también, el bajista y ahora cantante supo recurrir a canciones de su pasado pero en este caso con Los Piojos, como “Todo pasa” y “Fijate”, sin dejar de presentar algo de lo que incluye el álbum debut de su proyecto, como “Con mi flor” y “Negrita”.

Cuando sobrevino el momento de La Vela Puerca, se notaron algunas variantes; por un lado, y por fortuna, el sol ya no tenía la violencia de horas atrás; por otra parte, al crédito de Uruguay la cuenta regresiva no le marcaba veinte o treinta minutos sino una hora y media. No obstante, como si tuviesen poco tiempo para hacer lo suyo, los músicos arremetieron sin parar con un poderoso tema tras otro, brindando un show que nunca perdió emoción y se inscribió dentro de los más destacados de la jornada. La despedida de la banda, con Sebastián Teysera y su guitarra acústica para hacer “José sabía”, fue un pase perfecto para el siguiente artista: Raly Barrionuevo. Con él, el folkore tenía su participación en el festival aunque, adaptándose a la situación, el cantautor se acompañó de guitarra eléctrica y se mostró lo más rockero posible; después de hacer el himno al Che Guevara, dijo que en Santiago del Estero, de donde es oriundo, se acostumbra a partir con una chacarera y así fue como dejó el escenario, entre palmas autóctonas.

La atención ahora se centraba nuevamente en el norte: había llegado el turno de Ciro y Los Persas, cuyo cantante atrajo hacia el lugar a la mayor cantidad de personas. Al parecer, él no es muy afecto a los cronómetros puesto que el reloj con la cuenta regresiva desapareció antes de que empiece con lo suyo. Recién, la semana pasada, lanzó “27”, el segundo disco de su nueva etapa. Desde ya, era esperable que la apertura de su presentación sea con el primer corte del disco, “Astros”;además, del estreno también se escucharon “Mírenla”, “Curtite” y “Héroes de Malvinas”.Durante esta última, que es de lo mejor del disco, se presentó una complicación: Ciro no se acordaba la letra. “Tengo problemas para acordarme de ‘Tan solo’, ¿cómo hago con una nueva y encima tan larga?”, se excusó. La solución, después de un inicio truncado por confusión del cantante, fue un atril con las palabras anotadas, cual machete.

Por supuesto, tuvieron espacio distintas canciones de Los Piojos: “Taxi boy”, “Ando ganas”, “Fumigator” (que a Ciro le resultó muy pertinente, debido a la cantidad de insectos que había), “El farolito” y “Muévelo”. Además, con la aparición de Micky Rodríguez como bajista invitado, “Cruel” y “Genius”; mientras sonaba la primera, los antiguos compañeros se encontraron y, cual ejercicio de confianza en el otro, se pusieron de espaldas sosteniéndose mutuamente. Si uno no soportaba bien al otro, este se caía; un simple juego que se dio durante el show, pero que acaso pueda leerse como prueba del vínculo perdurable entre ambos. Por su parte, el público que fue por temas de Los Piojos se dio el gusto.

La participación de Ciro y Los Persas se extendió más de la cuenta y, al mismo tiempo, la de Nonpalidece se demoró por la misma causa: en la cima de una de las estructuras del escenario Este, un joven que había trepado hasta lo más alto amenazaba con arrojarse. Sin embargo, por suerte no lo hizo y, tras varios minutos angustiantes, el drama se resolvió para bien; el conjunto de reggae, luego, tuvo su hora que aprovechó muy bien y dejó a todos los espectadores de pie para recibir al número final: Manu Chao La Ventura.

Gambeat, el fornido bajista de la formación, surgió como una tromba y a los gritos arengó a la multitud; después, el formidable Madjid con su guitarra hizo lo propio. Se intuía, la energía que se venía era arrolladora y, efectivamente, apenas apareció el propio Manu comenzó el mejor show que tuvo esta primera edición del Mastai; como ni no hubiese nada capaz de detenerlo, el francés cantaba y cantaba una atrás de la otra, enganchadas, sus encantadoras canciones, que hacían bailar a una muchedumbre cuyos cuerpos cansados revivieron súbitamente gracias a esta música.

Ni la lluvia, que cayó a partir de la una de la mañana, ni los relámpagos que se encendían aquí y allá en las alturas, ni el viento temerario; nada lograba sosegar el ánimo de los músicos y, mucho menos, la fiesta del público. “Desaparecido”, “Clandestino”, “La vida tómbola”, “La primavera”, “Me gustas tu” y más temas del vastísimo repertorio del músico mantenían el momento ajeno a la tormenta que amenazaba con desatarse en instantes; rendido, Gambeat se inclinaba ante la gente y hacía loas; incrédulo, Manu gritaba y saltaba: “¡Loco, San Pedro! ¡Estás loco, San Pedro!”.

¿Cuándo se terminó desatando la tormenta? Cruel, como no podía ser de otra manera, apenas concluyó La Ventura con sus dos horas y media de show; sin embargo, ¿qué más daba mojarse? Detrás del escenario principal, un globo gigante con fuego en su interior, se quedó esperando por ir hacia las nubes; antes, durante la tarde, sí tuvo ocasión de viajar por los aires un parapentista, que recorría todo el balneario de aquí para allá. ¿Y qué tenía que ver el globo y el parapente con el rock? Tal vez, mostrarnos y recordanos algo que la música suele hacer: que es posible volar.

*Agradecimiento: Tour de Rock.

* Fotos por Fernando Fernández

Redacción ElAcople.com

2 Comments

  1. Scottie Pippen

    23 noviembre, 2012 en 13:54

    Lo primero que hay que decir es pedirles a Mónica y César que vuelvan por favor: se olvidaron a Bonelli. Ahora sí, espectaculares fotos, sobre todo la del gordo con la remera de La Renga, disfrutando seguramente de un juguito (?) en su sandía. Debe de haber sido una fiesta todo, muy bueno que sea sobre arena.

  2. elcapo

    22 noviembre, 2012 en 18:59

    Aguante Manu

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