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Mortal combo

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La primera edición del Club de la Muerte tuvo lugar en el Salón Pueyrredón, la noche del sábado, con intensísimas actuaciones de El Perrodiablo, Sick Porky y Banda de la Muerte.

La separación de Los Natas significó un quiebre dentro de la escena stonerlocal, la pérdida de un faro de mucho peso. Pero esta escena, lejos de lamentarse o de llorar sobre los restos atomizados, optó por aprender la lección y fortalecerse a fuerza de unión, ya no tanto de géneros, porque siempre hubo espacios para otros sonidos fuera de la etiqueta stoner. El Club de la Muerte recoge de alguna manera el ejemplo del Motoclub de los deSergio Ch. y la primera versión es una noticia esperanzadora. La recepción con una selección exquisita de punk rock de los ’70 y ’80 fue tan sólo unappetizer.

La cosa empezó cerca de las 22:20 con los platenses de El Perrodiablo. En la línea de su rock salvaje y garagero tuvieron a los asistentes madrugadores moviendo cabezas y piernas desde el tema uno, una bomba sucia de su último disco, “El espíritu”, llamada “Monje Negro”. De ahí en adelante, un recorrido por sus tres discos, aunque más del último, como suele pasar. El despliegue energético de la banda está siempre en 11, aunque el cantante se lleva algunas miradas por su histrionismo, su puesta en escena de wasted rocker, subiendo y bajando del escenario para cantar entre la gente, o ver a la banda parado sobre la barra frente al escenario. O peleando con una chica del público “por tripera”. O apagándose un pucho del bajista sobre su pecho. Párrafo aparte para la base de esta banda: el baterista con los platillos más altos de todo La Plata y un sólido bajista, verdadera columna vertebral de la banda, permiten que el entretejido ruidoso de las dos guitarras pueda ir hacia donde guste con la tranquilidad de que todo está en orden. Cuarenta minutos de rock, pentatónico e incendiario.

Después de unos minutos de más punk, y hasta de un tema de los chilenos deEx (“búscate otra que te lave la ropa” cantaba la memorable Colombina Parra) salieron los Sick Porky, banda que tiene ya varios años encima, varios discos, varias millas aéreas y sin embargo eran una incógnita para mí. Como todo en este club, se resolvió bastante bien. El sexteto, apretados en ese escenario, arrancó y de entrada mostró unas canciones muy prolijas y muy pesadas. Entre la baja afinación de las ¡tres! guitarras y el poder de su baterista, recuerdan por momentos a Corrosion of Conformity. También en las armonías que logran entre las tres guitarras, tocando al estilo del metal clásico una melodía armonizada entre los tres, pero sin perder el poder de algún toque doom en sus canciones. Pero es el sonido, el placentero sonido de una banda muy bien equipada, que se preocupa mucho por cómo sonar, y la impecable voz de su cantante Carlos (quien se bancó el concierto con una lesión futbolística) lo que le da un sello personal a los puercos. Al final, entre un cierto desorden propio quizás de una banda tan numerosa, se escuchaba mientras discutían qué tema iban a tocar y declaraban amor a “los chicos de Banda de la Muerte”. Hay amor en el club de la muerte. El tema despedida hizo olvidar cualquier desinteligencia escénica: un riff lento, pesadísimo y la buena garganta de Carlos. Me quedé con las ganas de saber sobre sus letras, pero ya investigaré.

El DJ no pudo elegir mejor la música para amenizar el comienzo del fin, un recorrido stoner, punk, metalero y “El féretro” de Todos tus muertos para terminar y dar paso a Banda de la Muerte, en el Club de la Muerte.

Pero el cuarteto está muy vivo, es evidente. Muy sano es que se hayan puesto al hombro la tarea de abrir este tipo de espacios, y es que no sólo suenan fuerte sino que se evidencia un trabajo de producción distinto al de no ya las bandas anteriores sino las bandas locales en general. Prolijos, con saltos rítmicos y métricos audaces y un sonido que recuerda a Queens of the Stone Age, casualmente una banda con productores entre sus filas, comoBdlM. Se vio en temas como “El miedo”, donde el baterista Guillermo Gómezva y viene, o en “Te estás dejando mentir”, gran tema de su reciente disco, Pulso de una mente maldita, donde hay cortes con regla y escuadra. Por otra parte, no es una bandastoner genérica sino que pueden meter canciones como “El sol salió del sur”, con un cierto hardcorismo que recuerda a Minor Threat, o algunas partes medio punkies entre canciones casi doom. Y entre eso, anunciaron que están grabando un disco de covers del rock nacional de entre el ’69 y el ’79 para, de alguna manera, hacer justicia y rescatar del olvido a algunas bandas pioneras de lo que hoy disfrutamos. Y como el movimiento se demuestra andando, se despacharon con una versión, una reinterpretación, de “La sarna del viento”, un tema injustamente olvidado de una banda injustamente olvidada: Contraluz (a googlear, pendejos). Después de esto, invitaron a Gonzalo Villagra, bajista de los desaparecidosNatas, a tocar con ellos “Hombre Muerto Caminando”. Tardó en subir al escenario porque lo agarraron justo en el baño, pero se abrió camino, se colgó el bajo y ¡pum! No pudo decirlo mejor Nico Foresi, cuando recibió de vuelta la papa caliente que era ese bajo: “¿Y ahora qué mierda hago?”; sacudir esa cabellera, una de las mejores del rock de por acá. Y así lo hizo.

Fin del combo mortal y comienzo del DJ Sicodélico, quien puso unos vinilos, pero ya era mucho para este cronista. Y encima el Kentucky ahí al lado…

Quedamos entonces a la espera de una segunda edición del Club, un espacio necesario de alguna manera, pero que parece ir naturalmente hacia la unión, por el buen momento de las muchas bandas que hay dando vueltas. Y porque, como dijimos antes, ahí hay amor.

Redacción ElAcople.com

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