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Siendo uno y tres

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El sábado, en Niceto, se llevó a cabo una nueva edición del FestiPez. La banda de Ariel Minimal, nuevamente en formato trío, se consolida como bandera y abanderado del rock nacional.

 

Es sábado en Niceto y a las 8 de la noche ya hay jóvenes entusiastas en la puerta del local. Es que esta séptima edición del FestiPez alberga a una buena cantidad de bandas  y es necesario aprovechar cada minuto al máximo. Por primera vez utilizando los dos escenarios y apelando a una coordinación horaria geométrica, los Pez le dan escenario digno y muy buen sonido a 4 bandas que de alguna manera explotan, cada una, alguna de las muchas caras del trío.

A las 20,20, Misiones abre el festival en el escenario del Lado A. Este trío es el que más cerca está del Pez de “Hoy” o de “El sol detrás del sol”: canciones simples, riffs del rock progresivo y letras bien urbanas y existenciales. El muy buen sonido que se les brindó fue aprovechado por la banda, que aunque contó con poco público a esa hora desenvolvió su show con toda tranquilidad y sin sobresaltos. Otra cosa fue el set de Personas: en media hora de intensidad en todo sentido, este cuarteto instrumental fue la gran sorpresa de la noche. Son una mezcla muy moderna de los primeros Sabbath y Soft Machine y en su andar poderoso aplastan problemas eléctricos, falta de micrófonos o lo que se les cruce. Regalan canciones deformes (en el mejor sentido de esa rica palabra), pesadas, y un guitarrista que cultiva el “color sound” de Kim Thayil de Soundgarden, aunque parece Tad Doyle, de TAD. Ahora que pienso, se parece bastante a Tad Doyle. Hay buenas noticias para el rock de por acá con esta gente.

La vuelta al Lado A fue para presenciar el correcto concierto de Compañero Asma. Ya bastante más lleno de gente, y con muchos viejos fans del trío de Hernán Espejo, hubo media hora larga de power pop clásico, que de alguna manera también sabe sonar a rock nacional, sea lo que sea que signifique eso. Con mucha cancha y poca locuacidad, repasaron temas de sus últimos 5 años, salvo el tema que abre “Respira!”, de 2005. El cierre, momento más alto del set, fue con un largo outro kraut en “Como un holandés errante”. Buen final, y paso al otro lado, donde comienzan inmediatamente, regla y escuadra, Los Espíritus. El aire, teñido de humos de todos los colores, se hace difícil de respirar, pero la banda ayuda a pasar el rato, como una cruza entre Chico Magnetic y el etíope Mulatu Astatke. Divertidas letras para un show de muy buena onda aunque el único con problemas de sonido, pero nada grave. Puede ser que las tres guitarras, más percusión y batería hayan sido mucho para ese pequeño escenario, pero salen airosos y ganan aplausos de todo el público que llena el Lado B.

Y Pez, que es uno y es tres, y qué bien le queda el trío. La salida de Pepo Limeres le dio una unidad que no se oía, y se notan los más de diez años de comunicación entre ellos. Son una banda que hace lo que quiere y quiere lo que hace, es evidente, y que cada vez más se acercan a un dispositivo de rock nacional, nuevamente, tan sólo intuyendo el significado de tal categoría, porque tienen kilómetros de temas y pueden darse el lujo de elegir y de pasear por las múltiples paletas que han sabido desarrollar en todos estos años. Empiezan con “Monstruo” y “Fuerza”, y parece que la noche va a ser monstruosa y fuerte. Siguen con un recorrido por “Volviendo a las cavernas”, con “Cavernas”, “De cómo el hombre perdió”, “Lo interesante es por afuera” y “El motivo”. El airecito de Niceto a esta altura ya se había cobrado dos víctimas de desmayos, las dos a un metro de mí. La elección de la lista, se ve, habla de una cierta edad de los tres “viejitos”. Ni una palabra del locuaz Ariel: sólo música, que es lo que nos convoca. Vuelven a “Frágilinvencible” con “La estética del resentimiento”, único de ese disco, y siguen con canciones más propias de ese cancionero popular y populista, como “Para las almas sensibles” y “El viaje”. Recién ahí las primeras palabras, para responder a los comentarios sobre lo gordito que está Minimal. Son uno con su público. Para sorpresa, intercambian roles con Franco para un tema de su primer disco solista (de Franco, digo) y ahí es cuando se ve realmente al gordito de Ariel: sentado a la batería y tocando con displicencia, ni él ni Franco desentonan en sus performances, aunque, es cierto, los preferimos al revés. Siguen con otra sorpresa: un tema homenaje a Black Flag de “un próximo disco” llamado “Bandera negra”. No podemos inferir grandes novedades en cuanto a composición, es un tema clásico de esta era de Pez, muy en línea con VALC. Es raro que no haya nada de “Convivencia sagrada” o sólo “Último acto” de “Los Orfebres”, pero es que han bajado un cambio en cuanto a intensidad rockera. De “Pez”, su tercer disco, sólo suena “El cuerpo es un momento” y se nota que los temas viejos son mejor recibidos que los nuevos. Ariel invita a su campaña “un trago menos, un disco más”, aunque se disculpa con la gente de Niceto, pero“es que te levantás al otro día y el disco está ahí”. Aplauso cerrado de la concurrencia, en un 80% muy joven y en un 70% vestida con remeras de Pez. Mal no venden, los viejitos.

Para el final, sabiendo que hay épocas insuperables, dejan “Ahogarme”, “Edificios” (en una versión lenta pero exquisita) y luego de una promesa de salir a correr durante un mes, anuncia su próximo concierto de más de dos horas a comienzos de diciembre. Fósforo no parece muy contento con la idea, aunque el cierre con “Campos de inconciencia” deja contentísimos a todos y cada uno de los presentes. Es claro que Pez es un trío, que puede tener agregados pasajeros, pero que es uno y es tres. Hay lo que hay.

* Fotos por Héctor Figueredo

Redacción ElAcople.com

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