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La revancha

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Linkin Park volvió al país para presentar su nuevo disco y brindar el show que los fans esperaban, el viernes en GEBA.

 

Revancha. Eso es lo que quería el público que el viernes se acercó a GEBA para presenciar el segundo desembarco de Linkin Park en el país. Es que la primera visita, en Vélez, había dejado mucho que desear en cuento a sonido y selección de canciones.

Recuerdo la época de explosión de la banda con “Hybrid Theory” y “Meteora”. Fueron dos discos claves en la formación musical de muchos de los chicos que hoy están en el show. En días en que la banda ha tomado otra dirección y Mtv ya no pasa videos musicales, me sorprende ver la cantidad de menores de 12 años que pueblan el lugar. Hablamos de una cantidad notable. El grupo ha tomado un camino musicalmente extraño en los últimos años, que de afuera puede parecer raro, pero que al final de cuentas es lo que los ha mantenido vigentes; mientras muchos de sus contemporáneos ya no existen o luchan por salir de la intrascendencia, Linkin Park sigue siendo relevante en todo el mundo.

El show comienza con “A place for my head”, tal vez una elección rara para arrancar. Todos estaban pendiente de lo que falló la otra vez: el sonido. Esta vez está aprobado. A veces no se distinguen las guitarras y un poco más de volumen no vendría mal pero, siendo honestos, ¿quién suena fuerte hoy en día? Lo importante es que esta vez la gente no tapa a la banda. Claramente el objetivo es poner las voces al frente, y la de Chester Bennington no parece haber envejecido un solo día. “Given up” es el segundo tema, no se achica a la hora de gritar y no falla a la hora de cantar limpio.

Lo visual pasa por una gigante pantalla HD que hace las veces de fondo y va mechando proyecciones con imágenes de la banda tocando. Durante “New divide” esto se explota a fondo pero algo sucede: Bennington para todo y la gente lo toma como su oportunidad para cantar, pero no. En realidad el show se detiene porque hay chicos cayéndose en el pogo y nadie los ayuda a levantarse. Sé que tal vez muchos de los que están ahí saltando estén iniciándose en esto de los recitales, pero, vamos chicos, que ayudar al otro es la regla número uno; no tendría que hacer falta que el cantante lo diga. Aunque tardó unos minutos en arreglarse el tema, por suerte las oportunas “With you” y “Somewhere I Belong” aparecieron para no quitar temperatura al show. Esta vez la banda no interpreta tantas canciones de su último disco como la vez anterior, por lo que el concierto se vuelve más dinámico.

El público responde muy bien ante el último material, hecho curioso ya que la banda se mete cada vez más en la electrónica, relegando al metal. Les doy la derecha por querer experimentar, pero todo me remite a algo que ya se ha hecho con mejores resultados; “Lost in the echo” me remite a Muse, en “Lies Greed Misery” escucho a Skrillex y M.I.A, en “Victimized” recuerdo a Atari Teenage Riot. Y así durante el show hay fantasmas de NIN, The Prodigy y Chemical Brothers.

Y si bien Mike Shinoda y Joe Hahn van alternando los teclados, me da la sensación de que estaría bueno un tecladista fijo. Y de vuelta, que el sonido sea más fuerte, que escuchemos más la guitarra de Brad Delson y más el bajo de Dave Farrell.

Cuando mejor sale todo es cuando son ellos mismos. “Faint” y “Breaking the habit” hacen explotar el lugar porque son grandes favoritas y son grandes canciones; son originales, son gancheras y tienen fuerza. “In the end” o la final “One Step Closer” obviamente levantan aún más, pero ya tienen una capa de nostalgia casi visible, que no tiene nada de malo; qué mejor que ir a un show a emocionarse con las mismas canciones que hace diez años.

* Fotos por Fernando Fernández

azafatodegira.com

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