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La casa está en orden

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Megadeth volvió al país para brindar dos conciertos especiales: el primero de ellos, el jueves en el estadio Malvinas Argentinas, tuvo el festejo del cumpleaños del colorado Mustaine.

Agitación en las calles, símbolos de paz que se venden a millones, corrupción, las voces del pueblo enfrentadas en bandos. ¿Temas recurrentes en las canciones de Megadeth? Sí, pero también el clima en Buenos Aires en la última semana. Entre gurúes espirituales y pedidos de renuncias presidenciales, que la filarmónica del Colorado venga para interpretar los discos “Peace Sells…But who’s buying” y “Countdown to extinction” parece una broma (o un guiño) de la misma suerte.

Cualquier show de la banda en la ciudad es un acontecimiento, pero si a eso le sumamos el cumpleaños de Dave Mustaine y la interpretación en su totalidad de discos clásicos, la expectativa es mucho mayor. A eso hay que agregarle que la última imagen que habían dejado no era la mejor, precisamente, así que había una necesidad de reivindicación. Al arrancar el show con “Trust”, “Hangar 18” y “She Wolf” y notar que el sonido sufre el mismo problema que la última vez, las expectativas empiezan a caer. La voz no se escucha y las guitarras no se distinguen, algo que en un tema como “Hangar 18” no puede fallar.

Si bien esta fecha se había dicho que se interpretaría el disco “Peace Sells”, el fanático sabía que esto no sería del todo cierto. Desde su despertar religioso, el colorado evita tocar canciones que tengan alguna interpretación “satánica”. “Este es un día especial. Y como estamos en Argentina haremos un show más largo y haremos cosas de Peace sells y de Countdown…”, anuncia el Colo. El guitarrista arranca con el infaltable “Wake up dead” y el estadio se viene abajo, como siempre. Le siguen la esperable “I ain’t superstitious” pero la sorpresa viene con “Devil’s Island”, una de las mejores canciones de su catálogo. Esa sí no la veíamos venir. Tal vez hay una posibilidad de que se interprete entero realmente, pero ni bien arrancan los temas de “Thirteen”como “Never dead”, “Whose life is it anyway?” y “Public enemy N*1” esa ilusión se va.

Como siempre, Dave es un tipo imprevisible y siempre tiene un as bajo la manga. Suena “Skin o my teeth”, siempre bien recibida. Le sigue “Symphony of destruction”, un poco temprano cuando siempre suele aparecer hacia el final del show. Momento, está haciendo lo que tenía que hacer al otro día: está tocando “Countdown to extinction” en orden. Y por suerte para ese momento el sonido ya se acomodó. El Malvinas es un estadio donde, depende la ubicación, cada uno escucha algo diferente. Desde platea puedo decir que el sonido general ganó nitidez y potencia, la voz se distinguía y las violas se podían apreciar, todo a un nivel aceptable; tampoco estamos en el Colón, aunque la sinfónica del colorado se lo merezca. Bueno, dejemos eso para cuando vuelvan Menza y Friedman.

Si bien no alcanzó al nivel de locura de la vez que la banda decidió interpretar todo “Rust in peace”, la emotividad llegó por otro lado. Tal vez porque esa noche se esperaba algo más trashero, canciones como “This was my life”, “Foreclosure of a dream” o “Countdown to extinction” no despiertan la locura, sino más bien que la gente de dedique a escucharlas. Muchas de ellas jamás habían sonado en estas tierras y es un álbum clave, con el cual mucha gente descubrió a Megadeth.  Tal vez el frenesí se desate en la segunda fecha, donde la gente espera escuchar esos temas. En cambio composiciones más rápidas como “High speed dirt” son más celebradas. Hay que admitir que entre “Peace sells” y “Countdown…” hay años luz de diferencia.

Cuando tal vez el calor empezaba a menguar, aparecen las siempre efectivas “A tout le monde” y “Peace Sells” para levantar, esta última en una versión realmente demoledora. A juzgar por la reacción del público, había necesidad de brutalidad. La misma reacción  se repite con “Holy Wars”.

No hay cumpleaños sin celebración, por eso la gente canta el “Feliz cumpleaños” en inglés y en castellano mientras dos señoritas le acercan una torta primero a Ellefson (?) hasta que les advierten que el cumpleañero es Mustaine. Está bien, le habrán dicho “dénsela al rubio”. El colorado sopla las velas, prueba un poco con un dedo y la revolea al campo, impactando de lleno contra un chico y la gente devuelve el gesto arrojando pedazos al escenario.

“Ustedes fueron geniales, nosotros fuimos Megadeth” (en inglés tiene más gracia) dice Mustaine. La despedida de siempre, solo que esta vez, Megadeth volvió a ser Megadeth.

* Fotos por Fernando Fernández

azafatodegira.com

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