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Rock and roll él

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Debo confesar que no había visto a Charly García desde su recuperación, y hasta antes de entrar al palacio de los deportes, tenía mis reservas. No veía esa mágica recuperación que todos señalan; veía el cambio de drogas ilegales por drogas prescriptas. Veía a un García hinchado, que le costaba moverse, que le costaba armar un discurso concreto; tal vez porque crecí con el Charly destructivo al que vi infinidad de veces en miles de condiciones. Ese era García para mí, para bien o para mal.

Se apagan las luces y se proyecta una película con Charly y Marilyn Manson y se traza cierto paralelismo entre los dos. Es extraño que Manson, un artista que perdió toda relevancia en el primer mundo, siga siendo tan vital como siempre para Charly. Tal vez porque los dos han atravesado los mismos demonios. El video termina con el Reverendo mostrando una imagen de Cristo y diciendo “este es Charly García”. Y ahí sale él, con su “Rock n roll yo”; el Cristo rock. Y ahí empieza tachar todas mis especulaciones; está flaco, saludable, rápido. Ni bien empieza se muestra charlatán: “Estamos en cadena nacional”, bromea. Con el doblete “Tango en segunda/El amor espera” me gana, y entiendo a la banda: el juego entre teclados, cuerdas y bandoneón. Generalmente se le da más importancia a la parte rockera, más teniendo en cuenta que hay gente como el Negro García López o el Zorrito Von Quintiero. Pero lo más interesante está en cerrar los ojos y concentrarse en los colchones y los zig zagueos entre cuerdas y teclados. Ahí se ve la escuela de música clásica de Garcíallevada a terrenos pop. El más claro ejemplo de esto es “Yendo de la cama al living”. Sé que a veces a uno la emoción lo gana, pero la próxima presten atención en cómo cada segmento de la banda hace las cosas por separado para crear eso. Charly es rock sinfónico.

El otro aspecto es su voz. Sabemos cómo es, pero de nuevo, está mejor que hace diez años atrás. Ha reaprendido a usarla. Puede volver a cantar “Promesas sobre el bidet” o “No soy un extraño” y quedar bien parado. Artísticamente todavía tiene para dar, todavía le gusta correr ciertos riesgos. “I’m not in love” o “Asesíname” emergen como grandes canciones a las que tal vez en su momento nadie les dio crédito. “Anhedonia” aparece reinterpretada con un estilo Kraftwerk. Incluso los covers son extraños: “Influencia” (de Todd Rundgren) es mucho mejor que la original; “Me siento mucho mejor” (de los Byrds) ya es un clásico y levanta a todo el estadio. La nueva “Venus de Mylo” (de Television) es una interpretación libre que poco tiene que ver con la original.

Para el fanático hay rescates como “Waitin’”,“Rap del exilio” o fragmentos de “Cinema Verité”, “Despertar de mambo” o “Las grasas de las capitales”.  Hay momentos de excelencia, realmente: “Eiti leda”, con una performance impecable de Rosario Ortega; “Desarma y sangra”, con Fito Páez de invitado; “Los Dinosaurios”, re armada. Canciones que realmente son de un nivel superior, de esas para enviarlas a otros planetas. “Rezo por vos”, con imágenes de Gustavo y Luis Alberto, siempre es un momento clave. También se destacan la participación de Juanse para “La sal no sala” y de David Lebón para “Suéltate rock and roll” y “Seminare” (esta última, una intervención de alto impacto). La emoción de la gente de verlos a ambos ahí y la emoción de Lebón de tener a su amigo al lado, y la alegría de Charly. No sé si se dieron cuenta, pero sonríe mucho. Ya no rompe guitarras, ya no le pega a los fans. Toma té y hace chistes.

Termina el show con “Nos siguen pegando abajo”y “Demoliendo hoteles”. Pasaron más de dos horas y media y cantó 32 canciones. “Si García es rock, yo soy Federico Lacroze”, decía Pappo. Esta vez no te apoyo, Carpo; García está vivo, está bien y es de lo más rockero que dio este país. 

azafatodegira.com

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