SHOWS

Adictos al escapismo

Por  | 

La vuelta de Jane’s Addiction no fue planeada de la mejor manera. Apenas un año después de su primera visita, gratis, hacerlos tocar en un estadio de similar capacidad al Anfiteatro de Costanera Sur y con entradas carísimas no parecía ser un buen negocio. Por eso cuando se anunció su traslado al teatro Vorterix fue una buena noticia para todos, excepto para los productores del espectáculo. Lo cierto es que ver a la banda en el lugar adecuado y solo con gente realmente fanática cerraba por todos lados.

Janes’ Addiction es una banda tan extraña como sus integrantes y la gente que los sigue: totalmente inestables en cuanto a sus relaciones. Pero ese caos y esa teatralidad es lo que les da la esencia y que se lleva hasta el escenario; desde el principio con “Underground” y con una temática de cabaret del submundo sale la banda acompañada de sus bailarinas haciendo piruetas por los aires, con Perry Farrel y esos movimientos que van desde un mimo a una serpiente. El bajo retumba  y “Bajando de la montaña”grita Perry cuando “Mountain Song” despierta a los presentes. Hay grupos más rockeros, más pesados, pero ninguno como Jane’s Addiction. En vivo son una gran ola sónica, un mantra que te toma por asalto, un viaje, un polvo, una película. Todo coincide arriba y abajo del escenario.

Perry es visiblemente el que más disfruta el show. También debe ayudar el tinto que se baja durante el transcurso del concierto. Y como no es un bebedor egoísta, convida a los pibes. Por suerte no está tan borracho como para revolear la botella: la pasa con delicadeza.

Navarro tiene una energía particular: uno lo ve y sabe que la está pasando bien, es vitoreado por el público, pero tiene una cara de querer irse en cualquier momento. Está muy concentrado en su tarea, que no es poca. Sin duda Dave es uno de los guitarristas más subvalorados del rock. Toda la banda, en general, está subvalorada, pero en el caso de Navarro es más evidente, porque no es la base rítmica la guía de la banda, es él quien va guiando para dónde va la canción. Un ejemplo es “Ted just admit it”, donde todo el imaginario de la banda se pone en escena: la música, las imágenes de las pantallas, el decorado del escenario y las chicas bailando al ritmo de Farrel gritándote “el sexo es violento”. Porque la música también incita a eso; es violenta pero sensual. ¿Tuviste alguna noche así? Ellos parecen acostumbrados. “Three Days” es la oda a esto,  es su “Stairway to heaven”; son diez minutos de vuelo en donde pasa de todo: el comienzo climático, los gritos de Farrel, la percusión de Perkins, los graves de Chris Chaney, las bailarinas que se contorsionan y la guitarra de Navarro que interrumpe y deja volar todo. Tanto los músicos como la gente abajo que se vuelven realmente locos. Esas son las imágenes que el rock debería proporcionar.

Hoy no hay que preocuparse por nada. Hoy no importa nada” profesa el líder. “No hay bien, no hay mal, solo placer y dolor” relata en “Ain’t no right”. Yo solo veo placer. Así como hay tanta oscuridad en su música, de esa oscuridad sale la luz en “Jane Says” en el momento intimista de la noche. Pegada, “Chip Away”, esa batucada africana con cada músico tras un redoblante. Luz que se transforma en frenesí con “Stop”. ¿Querés saber cómo es drogarse? La música de Juana está tan influenciada que te pasea por todos los estados a los que te llevan las diferentes sustancias. ¿La diferencia? Después que el show finaliza con “Ocean Size” hay caras de éxtasis. Pero el éxtasis que te genera ver una verdadera demostración de arte. Esa es la Juanas Adicción.

Por suerte, o no, alguien quiso traer de vuelta a Jane’s Addiction. Por suerte, o no, la poca venta hizo que se pasara de escenario. Por suerte, o no, pasó otro show en donde vas a decir “yo estuve ahí” y por supuesto no te van a creer. Pero vos sabés la verdad.

azafatodegira.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *