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Metal y carnaval

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El sábado, Santa María de Punilla despertó a locales y visitantes con lo más malo que tiene: el sol, con sus rayos de fuego que derriten la sien y abomban las ideas, mojan de sudor toda la piel y asfixian. Para colmo, lo más bueno que tiene, sobre todo para contrarrestar al ardor, no estaba en su mejor día: el río estaba bajo, con poquísima agua, y metiéndose en él uno apenas si se cubría las rodillas. No obstante, no había otro lugar donde estar, al menos hasta que se largara la segunda jornada del Cosquín Rock 2012.

Era la noche del escenario heavy y por lo tanto fue el día de escenario heavy para el pueblo; en improvisados sitios, bandas locales musicalizaban la previa con canciones de Pappo y Hermética, mientras miles de hombres de negro y cabelleras largas tragaban cerveza sin parar, brindando por Ricardo Iorio. Todas las expectativas estaban puestas en Anthrax y Malón, los números principales. Asimismo, a más de cien metros, en el otro extremo del predio y en el escenario principal, sería el turno de que disfrutara otro público, de Catupecu Machu, Las Pelotas, Skay y Ciro y Los Persas como platos fuertes.

Fernando Ruiz Díaz tomó la posta en lo que a homenajear a Luis Alberto Spinetta refiere, proponiendo que el predio fuese bautizado con su nombre; después de hablar de él como una gran persona, Catupecu Machu hizo su versión de “Seguir viviendo sin tu amor”. Sin embargo, y como de costumbre, el grupo dejó poco espacio para la tranquilidad en su show y se dedicó más bien a desatar toda su capacidad de potencia, con canciones como “Elevador” y las infaltables “Dale!” y “Y lo que quiero es que pises sin el suelo”, que contó con la participación del negro García López y su guitarra, capaz de zapar en donde la inviten. Para uno de sus hits, “Magia veneno”,el conjunto contó con el bajo de Gabriela Martínez y la voz de Germán Daffunchio; nobleza obliga, hay que marcar la conocida humildad de los músicos de Las Pelotas que compartieron el momento sin preocuparse por mostrarse antes que sea su momento exclusivo.

Justamente, Las Pelotas fue la banda que prosiguió en el lugar que dejó libre Catupecu Machu; local como cualquier otro grupo cordobés e infaltable en toda edición del festival como ningún otro, el conjunto se presentó con la soltura de esos pergaminos bien ganados. “Muchos mitos” dio inicio al set pelotero, que fiel al estilo de su líder fue dominado por temas de pocos decibeles, como “Si supieras”, “¿Cuándo podrás amar?”, “Que estés sonriendo”, “Sueños de mendigos”, “Personalmente”; un momento especial se ofreció cuando llegó el turno de “La marmota” y el cantante quedó solo, en la punta de la pasarela que se abre camino entre el público, y entonó esa bella canción de “Basta”. Desde ese disco, también, llegó una dedicatoria “para Ale”: “Ya no estás”, una de las últimas inolvidables piezas que Sokol dejó para la posteridad. No obstante, además hubo espacio para el agite con Las Pelotas: luego de inclinarse a la memoria de Spinetta, Daffunchio gritó “por los que estamos vivos, que tenemos mucho quilombo por hacer todavía” y acompañó la proclama con “La vaca y el bife”. Finalmente, Fernando Ruiz Díaz, botella de vino en mano, volvería al escenario para adueñarse incluso de él con su energía arrolladora, dedicar todo a Luca Prodan y cantar con la banda “El ojo blindado”, de Sumo.

Mientras tanto, en el escenario temático, Anthrax salía a mostrar cómo le ponía el pecho a la ausencia de su baterista, Charlie Becante, que sufrió la pérdida de su madre; el reemplazo fue conseguido en Jason Bittner, pero surgió otro problema: el sonido no fue el esperado por la banda thrash de Estados Unidos y el inconveniente pegó con todo en el mismo final de su presentación, cuando “Among the Living” tuvo que cortarse porque directamente dejaron de escucharse el bajo y la batería. Una lástima que una de las bandas que más expectativas había generado en la fecha haya tenido una despedida así, sobre todo porque el conjunto había propuesto un show a su altura, con todos los temas que se querían oír (“Caught in a Mosh”, “Indians”, “Got The Time”). Después, en ese mismo escenario, llegaría la hora de Malón y una nueva demostración que el regreso fue trabajado y ensayado como corresponde, ya que el grupo se muestra sin fisuras para enarbolar aquellas banderas de sonidos metaleros que conquistaron miles de corazones de los más duros; antes, habían pasado Logos, Horcas, Tren Loco, Tributo a V8, El Dragón, Hammer, Numeral, Inverso y Maza. 

Tan clásico como Las Pelotas, para Cosquín Rock, es la presencia de Skay. El guitarrista de Patricio Rey y sus redonditos de ricota tomó el escenario principal, que también ya habían pisado Enzimática Soul Orchestra, 4 al Hilo, el negro García López, Marea y Guasones. “Gengins Khan” abrió la participación de uno de los grandes músicos de nuestro rock, que basó su hora y monedas de acción en canciones de sus discos y algún recuerdo de la banda que forjó junto a Indio Solari: “Masacre en el puticlub”, “Criminal mambo” e, infaltable en el cierre, “Jijiji”. Uniéndose a las dedicatorias aSpinetta, Skay le dedicó “Flores secas”; hombre de pocas palabras arriba de las tablas, bastó un breve “para Luis” y un puño al cielo suyo para advertir la sinceridad de su mención. “Oda a la sin nombre”, por último, despidió al guitarrista de esta edición del festival; seguramente, se lo verá en la próxima, tal como dijo él mismo.

Si Andrés Ciro Martínez tuviese que elegir alguna canción de Spinetta para homenajearlo, ¿cuál sería? Sí, “Me gusta ese tajo”; ese fue el tema con el que Ciro y Los Persas comenzaron su show. Después, la voz de la banda diría: “Para Luis Alberto, uno de los que más iluminó nuestro rock, como ninguno”. Asimismo, se sumaría a la petición de Fernando Ruiz Díaz y Germán Daffunchio para que el predio pase a llamarse como el Flaco. Entre temas del primer y único disco de la formación y clásicos de Los Piojos, como de costumbre, se fue entonces el sábado: “Vas a bailar”, “Banda de garaje”, “Blues de la ventana” por un lado; “Media caña”, “Ruleta” y “Pistolas” por otro. Linda improvisación sorpresa adicional: “El día que me quieras”, a capella, megáfono mediante simulando entonación tanguera de varias décadas atrás. Recientemente, consultado sobre qué le generaba tocar temas de su antigua banda, Ciro respondió que le gustaba principalmente porque se considera “un agitador”; en efecto, tal gusto quedó demostrado en algunas canciones piojosas en particular, que sonaron con el anunciado objetivo de que todos bailaran: “Como Alí” y “El faro

Redacción ElAcople.com

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