RESEÑAS

El regreso

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La salida al escenario de los Babasónicos estuvo marcada por la caída de un telón blanco, algo no muy habitual en un recital de rock. También fue poco común el vestuario de Adrián Dárgelos, sorpresivamente sobrio (saco negro, camisa y jean), sin los disfraces de épocas anteriores. Lo inalterable, dos años después de su último show en Capital Federal, fue la convocatoria del grupo. Llenos el campo y su respectivo VIP, respetando la proporción entre mujeres (las más) y hombres (los menos), el marco era el ideal para este regreso.

Eligieron abrir con “Fiesta popular”, un estreno de A propósito (décimo disco de la banda que se editó esta semana) que invita a chicas y chicos ricos a perderle el miedo a las multitudes de fiesta. Y una vez dada la arenga, le dieron forma a su propia fiesta popular con historias anteriores: “Así se habla”, “Pijamas”, una versión de “Y qué” con fragmentos de “Egocripta” y el bolerazo “Curtis”.

La vedette del escenario fue una pantalla, apostada en el centro, que jugaba con la iconografía de la banda. Dependiendo del tema que sonara, podía aparecer el cactus de “Jessico”, el caballo de “Infame” o los firuletes de “Mucho”. Sin embargo, en lo visual, se destacaron los primeros planos al grupo, en sepia y alta definición, algo épicos, para darle imagen real al sonido. Una película en vivo, digamos.

A medida que fueron pasando los temas, llegando a un primer clímax con el hit “Microdancing”, el grupo se iba ajustando más en su sonido. Montados sobre la base golpeadora de Carca y Panza Castellano, podían pasar del groove oscuro de “Flora y fauno” al estribillo redondo (y coreadísimo por el público) de “El colmo”. Y de ahí al tándem trash entre “Soy rock” y “Demonomanía”, para darle lugar a “El loco”, acaso uno de sus mejores temas, el que les dio status de estrellas hace casi diez años. De ahí que el director de cámaras haya tenido el buen tino de ponchar a las chicas del público que cantaran el tema, para dar cuenta de la universalidad de la canción. Lástima que ninguna de las enfocadas sabía bien la letra.

Dárgelos, un tipo de pocas palabras cuando toca en vivo, confesó extrañar mucho al público porteño y le dedicó a la ciudad (“Buenos Aires es muy especial para mí”, dijo) una versión menos acústica y más bailable de “Putita”. Continuaron la línea melódica con “Muñeco” (enganchada a “Su ciervo”, un oldie de “Dopádromo”) y “Deshoras” (otro de los nuevos) pero enseguida subieron la intensidad y el volumen: “Estoy rabioso”, “Sin mi diablo, “Irresponsables” y el macrodancingde “Los calientes” llegaron hasta el falso final de “Yegua”.

 “Las demás” y “Sátiro” cerraron el show antes de que llegara a la hora y media de duración. Pero no les quedó nada en el bolsillo; y el público, aunque tibiamente pidió una más, no se parecía disconforme. El terreno quedó listo para que en agosto, en el Luna Park, se haga la presentación formal de “A propósito”.

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