RESEÑAS

A la mejor estación

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El Estadio Malvinas Argentinas comienza a forjar su historia. Destinado en el largo plazo a convertirse en un nuevo templo del rock, el microestadio de Argentinos Juniors albergó la primera fecha del Festival Zona Rock. La fiesta continuará hoy domingo, con la presentación de La Vela Puerca, Arbolito y los ascendentes 4 pesos de propina, y cerrará el feriado del miércoles 8 con el día reggae, a cargo de Nonpalidece, Resistencia suburbana, Kameleba y Contravos.

Rock teñido de bordó

Cuando faltaba un cuarto de hora para las ocho de la noche, la gente aún ingresaba tibiamente al estadio y  El Bordo abriría el Zona Rock aún con la capacidad a la mitad. Eso no haría que escatimaran en su presentación. “Historias perdidas” es su reciente disco que, calidad artística aparte, muestra una propuesta arriesgada. Un álbum que frente a la extinción de la ópera rock, muestra un hilo conductor en las canciones. Una historia atravesada por la dictadura, en donde dos personas fueron separadas por el terrorismo de estado y logran reencontrarse años después.

Iniciarían justamente con un tema del nuevo disco, “Siento (el cielo va a brillar)”, y seguirían con el rockabilly de “Jazz barrial”. Ale Kurz, voz, guitarra y líder de la banda, saludaría con un simple “Buenas noches”, mientras el público entonaba el ya conocido aliento que reza “El Bordo baila su rock and roll”.

Se mezclarían los temas recientes con los viejos como “El grito”, en una lista de temas que llegaría solo a la docena. “Sueños de libertad”, del mencionado “Historias perdidas”, sería un punto alto, finalizando con el repudio a la dictadura del horror expresado en el cántico “el que no salta es militar”. El final sería con “En la vereda de enfrente” en un medley con la incendiaria “Heartbreaker”, de Led Zeppelin.

Bailando Cuarteto (de Nos)

El público se renovó un poco, ingresó más gente al estadio, y fue la hora de cruzar el charco para que llegue el turno de El Cuarteto de Nos. La metáfora del charco es cada vez menos utilizable ya que los uruguayos juegan cada vez más de local en estas tierras. Lo demostraron con un show contundente plagado de hits, que nos sorprendió (para bien) a los que no habíamos tenido aún la posibilidad de verlos en vivo.

Abrirían con “Mirenmé”, de su último disco “Bipolar”, y seguirían con “Nada es gratis en la vida”, del anterior, “Raro”, álbum que los llevaría a la (injustamente tardía) masividad allá por 2006. La voz de Roberto Musso dispara rimas ácidas sin respiro, con una habilidad única.

“Así somos los del Cuarteto, a veces bipolares”, sentencia antes de arremeter con el tema que da nombre a su última placa. Santiago Tavella, bajista, también se hace cargo de la voz en esos temas en los que sacan el pie del acelerador: “Malherido” y “El karaoke de mi noviecita”.

Lo que sorprende de El Cuarteto de Nos es que no se creen ni un poco el papel de estrellas de rock. Quizás porque el éxito los haya agarrado maduros, con familias y con trabajos estables (Musso es ingeniero en sistemas y sigue trabajando para la petrolera uruguaya Ancap). Pareciera que esto hizo que nunca pierdan la espontaneidad y la frescura de una banda que solo quiere divertirse y divertir arriba del escenario (y vaya si lo hace). Con esa desfachatez interpretan postales urbanas del nuevo siglo como “Nada me da satisfacción” o la irónica “El hijo de Hernández”.

Cumplida la hora y cuarto, el set de El Cuarteto de Nos llegaría a su fin; “Invierno del ‘92” y “Yendo a la casa de Damián” cerrarían la noche para los uruguayos.

Argentinos hasta Las Pelotas

Pasadas las diez de la noche, y ahora sí con el estadio colmado, sería el turno de Las Pelotas que sin querer despegarse de su último disco (“Despierta” -2009-) arrancarían con “¿Qué podés dar?” (un nuevo clásico) y “Saben”, la habitual protesta de Las Pelotas hecha letra, a la que la costumbre no le hace perder vigencia ni importancia.

Y hablando de protesta, siguieron con “Basta”, dedicada a la memoria de Mariano Ferreyra, y con dos viajes a “Esperando el milagro”: “Desaparecido” y “Tormenta en Júpiter”. “Es la primera vez que tocamos acá… es un buen lugar, che”, concluyó Daffunchio comenzado el show.

Hubo espacio para los clásicos “Corderos en la noche” y “La mirada del amo”, y también para un pasaje de reggae con “Si supieras” y “Transparente”, en donde Tavo Kupinski se luciría con un solo de guitarra, con su impronta zurda. 

La sonrisa del Bocha se nos fue, pero por suerte está “Bombachitas rosas” para recordarlo, e imaginarnos que es su voz la que entona acaso el mayor himno de Las Pelotas. Inmediatamente suena “Capitán América”, otro himno que corea todo el Malvinas Argentinas.

Con “Sin hilo” se irían del escenario para amagar el cierre, pero habría tiempo de varios temas más. “Para los que dicen que nunca hacemos un homenaje a Alejandro… Alejandro está acá, esto es para él”, sentenció Germán Daffunchio golpeándose el pecho y generando el momento más emotivo de la noche con “Sueños de mendigos”.

Volverían al escenario hasta tres veces luego de simular el final. “Es difícil no ser demagogo, pero la verdad son una masa”, se desp

Redacción ElAcople.com

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