RESEÑAS

Flor de aplanadora

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“Siempre soñé con una pared de equipos al re palo” entona Mollo en “Mantecoso” y cumple el sueño una vez más en la noche del viernes en El Teatro. La aplanadora vuelve a ser la aplanadora luego del emotivo show del Luna Park. Si bien predominó la presentación del nuevo disco (faltaron solo tres temas para completarlo) el resto de la lista paseó por lo más vibrante de su repertorio.

“Buscando un ángel” fue la elegida para arrancar, y le siguieron los clásicos “Salir a asustar” y “El 38”, que hicieron latir a un Teatro colmado en su capacidad. Tirarían un rebajecon “Muerto a laburar”, arpegio hipnótico y referencias a Luca para un tema que está entre lo mejor del nuevo material.

Cuando las gotas de transpiración que provoca el pogo de “Sábado” se mezclan con una lágrima generada por “Senderos”, nos damos cuenta que estamos en presencia de algo especial, fuera de lo común. Estamos ante la mejor banda en actividad del rock de acá, que puede reunir en apenas unos minutos dos sensaciones prácticamente opuestas, pero igual de satisfactorias.

Este último tema, que si bien puede considerarse un “lado B” del nuevo álbum, viene demostrando lo que crece en el vivo. Divididos forma una pared de sonido, Arnedo y Catriel despliegan un mantra de lava ardiente, denso, pesado e impactante para que Mollo dispare frases como “el monte da sin pedir, el monstruo pide sin dar”, definiendo de la mejor forma esta crítica devastadora a la acción del hombre para con el medio ambiente.

“Bienvenidos los temas del nuevo disco a encontrarse con los viejos”, dice Ricardo introduciendo a “Hombre en U”, y dejando claro que justamente las nuevas canciones ya se acoplan a la perfección al vasto y prolífico repertorio de la banda, que también haría escala en el funk de “Azulejo” y en el rock and roll de “Rasputín”.

Después, lo de siempre, que por ser habitual no deja de sorprender. Mollo desgarrando un solo con sus dientes en “Voodoo Chile”, Arnedo luciéndose con sus cuatro cuerdas en “Ala delta”, y en el medio el nuevo clásico, “Amapola del ‘66”, que como en el Luna sería dedicada a Gustavo Cerati. Tampoco faltarían las menciones al Bocha Sokol y a Pappo antes de hacer “Sucio y desprolijo”.

El cierre sería con un pequeño regalo para los fieles seguidores: un fragmento improvisado de “Los sueños y las guerras”, del disco debut “40 dibujos ahí en el piso” (completamente olvidado a la hora de armar las listas). Por último sonarían “Next week” (con guiños a “Fuck you”) y la furia zeppeliana de “Dazed and confused”. Mollo no paró de regalar púas mientras la base bajo-batería continuaba zapando por unos cuántos minutos más.

Camiseta transpirada, piernas cansadas y oídos con un leve zumbido es el saldo negativo de dos horas de show. Sin embargo el balance siempre es positivo con Divididos, porque esas molestias son simplemente el resultado inevitable de un excelente recital en el que hubo “equipos al re palo”, pero lo más importante es que hubo una banda que siempre sabe cómo hacerlos sonar.

Redacción ElAcople.com

2 Comments

  1. cristian

    2 agosto, 2010 en 00:00

    buena rese

  2. Cherquis

    2 agosto, 2010 en 00:00

    Lo

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