RESEÑAS

Luna de redención

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Ocho años había pasado desde su último disco de estudio, y la sensación en el Palacio de los deportes era de ansiedad. Todo indicaba que sería una noche mágica en donde Divididos se cruzaría nuevamente con un público multitudinario (recordemos que últimamente no salían de presentaciones en El Teatro o La Trastienda).

El clima era de reencuentro, casi como de deuda pendiente, como si tanto el público como la banda necesitaran de ese momento. El comienzo fue con “El arriero”, dando la pauta de que en el transcurso del show serían varias las conexiones folklóricas. Se sucedieron los cuatro primeros temas del álbum (“Hombres en U”, “Buscando un ángel”, “Mantecoso” y “Muerto a laburar”) y quedó demostrado que ese póker se conforma como el favorito del público en cuanto al nuevo material.

“En el silencio hay más respeto que en el aplauso”, dice Ricardo Mollo, refiriéndose a los shows del Gran Rex que darían vida a “Vivo acá”, allá por el 2003. Y durante la noche del miércoles Diego Arnedocontó con ese respeto del que hablaba su eterno compañero. Interpretó “Avanzando retroceden” y el público apenas se animó a acompañar al “Cóndor” susurrando la letra de una canción que puso la piel de gallina.

La aplanadora no fue la misma de siempre; cambió el “palo y palo” por un show cargado de matices variados. Aplanó desde otro lugar: el de las emociones. Ese lugar donde se cruzan la chacarera escrita por el padre de Arnedo, “La flor azul” (con Peteco Carabajal al violín), y el recuerdo de Luca, con Fortunato Ramos tocando el erke para hacer Mañana en el abasto. 

“Falta rock and roll”, se quejaría una voz desde el público. El rock and roll, que se vio en menores dosis, igual llegaría hacia el final del show con la seguidilla de “Sucio y desprolijo”, “Rasputín” y “El 38”. Sin embargo, los puntos más altos del show estarían en el otro extremo, en el clima intimista de “Senderos” y “Jujuy” -odas a las tierras del norte- o en el dúo anticolonialista “Cristóforo cacarnú”“Indio deja el mezcal”.

Tal como grabaran para el programa “¿Cuál es?”, Divididos interpretaría el cover beatle“With a little help from my friends”con importantes invitados: Ciro Fogliatta en órgano Hammond, y un trío de lujo en los coros, Fabiana Cantilo, Isabel de Sebastián y Claudia Puyó, cuyo solo de voz no se pudo apreciar como hubiésemos querido, perdido por momentos en la mala acústica del Luna.

La inolvidable noche iba llegando a su final con “Amapola del ’66”, convertido en clásico instantáneo del rock de acá. Como si las emociones no hubiesen sido suficientes durante casi tres horas de show, en el intermedio de la canción Mollo aprovechó para dedicar el tema a Gustavo Cerati, y ya nadie cantó “que se muera” sino que el estadio entero aplaudió para que viva.  

Por suerte, para los que pedían rock and roll, hubo lugar para un pogo más. “Next week” cerró la noche a puro Sumo. Ricardo Mollo, con una sonrisa de oreja a oreja, no paraba de agradecer, como si quisiera saludar uno por uno a los presentes. “Gracias por fumarse el disco entero”, ironizó sobre el final mientras el público se descosía las manos en aplausos. La gente continuó coreando por la “aplanadora del rock and roll”, aunque después de este show el término rock les quede chico.

Redacción ElAcople.com

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