RESEÑAS

Pura foto sin canción

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A la hora post-siesta y luego de un pelotón de bandas (NonpalideceDuff McKagan, Cielo Razzo), ahí cuando uno se va sacudiendo la modorra, los Living Colour dieron un muy buen show con sabor a funk norte-afro-americano. En las pantallas, imágenes psicodélicas que no pegaban con la luz solar que todavía iluminaba a Buenos Aires. En el escenario (principal), temas como “Middle man”, “Time’s up”, “Glamour boys”, un par del nuevo disco que editaron hace algunas semanas atrás y un inmejorable cierre con “Cult of personality”. Los liderados por Vernon Reid se fueron sonrientes y ovacionados. 

Pocos minutos después, los Ratones Paranoicos subieron al tablado secundario y ahí comenzaron los problemas. Iniciaron su set con “Sigue girando”, o mejor dicho, lo que se pudo escuchar de “Sigue girando”. El sonido era pobre, tapado y muy bajo para lo que se pretende o se espera de un concierto de rock. Y la cuestión no mejoró a lo largo de los temas (“Rock del pedazo”, “El centauro”, “La nave”, “El vampiro”), ni siquiera si el espectador cambiaba de posición para ver el espectáculo. 

Además, los Ratones no tuvieron mejor idea que tocar cinco temas de su último álbum, algo que atenta contra la idea de un set festivalero, en donde la banda cuenta con una escasa cantidad de tiempo. No estuvo mal la apuesta (el disco es excelente, las canciones, por consiguiente, también, y las interpretaciones estuvieron a la altura), pero a la hora de escuchar a estos experimentados rockeros se les pide palo y a la bolsa, cosa que quedó para el final, con “Para siempre” y el “Rock del gato”, momento en el que Juanse se trepó por los andamios de la estructura, rodó por la pasarela y gritó “rrrrocanrrrrrrrrrolenenen”

Y luego todos giraron 180 grados para escuchar a Divididos, el plato principal de la noche, que también tuvo un comienzo errático, nuevamente por lo que (no) se escuchaba. “Cajita musical”, “Elefantes en Europa”, “Salir a asustar”, “El 38”, “Sábado”, “Rasputín”… en pocas palabras, lo de siempre para el que ve seguido al trío. 

La diferencia estuvo en un breve set folklórico, ideal para bajar el nivel de salto. Diego Arnedo presentó una versión de “La flor azul” -una antigua chacarera que compuso su difunto padre-, la cual estará incluida en el esperado nuevo disco del conjunto, que, según lo anunciado por Ricardo Mollo, se presentará en Tilcara en marzo de 2010. La misma contó con la participación de Peteco y Demi Carabajal, (en violín y bombo respectivamente) y también hubo invitados en “Guanuqueando”: los músicos del también fenecido Ricardo Vilca

Antes del cierre con “Paraguay” y “Ala delta”, vinieron las disculpas por el inaudible volumen y un pase de facturas para los organizadores del fastuoso festival: “Seis meses de publicidad y estamos tocando en un lugar donde no se puede subir el volumen”, Mollo dixit. 

La Vela Puerca contó con la misma suerte y con un poco menos de público respecto al que tuvo Divididos. Pero una lista de casi veinticinco canciones, con las que repasaron sus cuatro discos de estudio, mantuvo activa a la multitud que saltó y cantó en honor a los uruguayos. 

El piso de plástico quedaría caliente para la fecha siguiente, la del domingo, y así se cerraría otra edición de este evento con marca que tendrá que cambiar algunas cuestiones (o sobornar juzgados) para que esté a la altura de las bandas que componen su cartel, quienes, en definitiva, son lo más importante de esta movida.

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