ENTREVISTAS

Rockea el Salón

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El Salón Pueyrredón (Av. Santa Fe 4560) es una de las más tradicionales cuevas rockeras que existen en Capital Federal: un lugar de resistencia en donde la cultura alternativa supo refugiarse.

“Somos gente con similar gusto musical e ideológico, pero nunca propusimos un centro cultural. Sólo un espacio en donde desarrollar el ‘hazlo tu mismo’ a un costo que no sea sobrevaluado y basado en el respeto mutuo. De ahí a todas las manifestaciones o emprendimientos que se generan; si alguien las quiere llamar culturales, que las llame así. Para nosotros son solo eso: manifestaciones o emprendimientos, que en general persiguen un fin que no tienen trasfondos mezquinos”, amplía Gustavo, guitarra y voz de Responsables No Inscriptos y uno de los dueños del Salón, explicando de qué la va, si es que todavía hay alguien que no lo conozca.

En los últimos ocho meses, el lugar canceló sus funciones de rock, debido a las permanentes quejas de los vecinos por el alto volumen: “Molestamos al hotel vecino durante nueve años y les faltamos el respeto sin la más absoluta consideración de nuestra parte, cada vez que nos llamaron la atención sobre el perjuicio que le estábamos ocasionando”, explica. “Eso derivó en una medición que dio como resultado tres decibeles por sobre el límite estipulado de ruido permitido por la comuna. Ante esto, comenzó un proceso judicial que culminó hace un par de meses mediante una mediación en la que nos comprometimos a realizar las obras de insonorización de la pared medianera con el hotel; situación que nos ha dejado al borde de la bancarrota”.

-¿Qué pasó en todos estos ocho meses en los que no hubo programación de bandas en vivo?

-Sólo tuvimos el ciclo de cine “Martes del terror” y la actividad del bar de viernes y sábado, pero teníamos que ser precavidos, porque la fiscalía que llevaba la causa estaba permanentemente controlando nuestras actividades. Así fue que decidimos no agitar ninguna situación porque los teníamos encima, llámese inspecciones o policías encubiertos, y hasta los que decían que como club de cultura no podíamos pasar música.

Antes y después de Cromañón, los locales de rock siempre tuvieron dificultades a la hora de conseguir los permisos necesarios que expiden los gobiernos para poder llevar adelante su actividad. Estar en regla era (y es), además, costoso, y la burocracia pone incontables trabas. A veces, las llaves, están fuera de la ley… pero eso ya es otra historia.

-¿Les resulta complicado gestionar las habilitaciones municipales?

-Los que, como nosotros, han tenido la suerte de entrar en la categoría nebulosa de club de cultura, estamos en contacto con la Municipalidad de una manera que nunca hemos visto, bastante bien, para nuestra sorpresa. Los trámites que siempre fueron eternos, ahora avanzan y se nota que hay una intención real de dejar en blanco toda la documentación de este tipo de lugares. Aunque siempre -y con esto quiero decir siempre-, encuentran algo con que trabar nuestra cotidianeidad.
Y hablamos de eterno retorno por eso: sabemos que ya va a volver a surgir algo que nos quiera sacar de circulación y creo que vamos a estar así como hasta ahora: esperando y buscando y volviendo.

Entonces, eterno retorno, este viernes, con “una reunión y bandas de amigos e integrantes de esta comunidad inconmensurable”. Entre los números en vivo, la música de y la vibra de siempre, a partir de las 22 horas.

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