RESEÑAS

“Este último ritual”

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Seguramente, aquel sábado 4 de abril, cuando Los Piojos cerró la tercera jornada del Quilmes Rock y Ciro Martínez aprovechó para anunciar un próximo recital en Club Ciudad de Buenos Aires, nadie pensó que esa nueva fecha se convertiría ni más ni menos que en el último concierto de la historia del grupo; nadie creyó, entonces, que esa noche que sería la primera vez que la banda se presentaría en ese lugar, asimismo sería la última.

Sin embargo, entre ese sábado del mes pasado y este último sábado de mayo, pasó el cambio de escenario, que mudó la cita a River, pero sobre todo ocurrió el anuncio de que el conjunto entraría en un parate de extensión indefinida, justo cuando cumple veinte años de trayectoria. Así, no hubo ni primera ni última vez en Club Ciudad de Buenos Aires, sino un ritual más en River, un ritual final.

Y es que si había esperanzas de que Los Piojos siguiera adelante en un futuro, cercano o lejano, tal como dijo en la mentada carta, las mismas fueron desechadas por el propio cantante del grupo, tal vez sin querer, en una traición de su inconsciente, cuando se refirió al recital como “este último ritual”; fue en ese mismo entonces de abuso de bises, cuando le dedicó “Ruleta” a Mario Pergolini, que según contó estaba ahí transmitiendo para Rock and Pop por iniciativa propia.

Existe la sensación de que siempre que toca Los Piojos llueve; no fue extraño ni inapropiado, entonces, que justo este concierto contara con la presencia de la lluvia, que dejó de molestar en ese preciso momento en el que arrancó todo, cuando la atención se centró en el piojito animado que mutaba de forma una y otra vez en la pantalla del centro del escenario, acompañado de todas las tapas de todos los discos de la banda a sus costados. De repente, surgió Martínez y empezó a cantar “Te diría”, la primera canción de “este último ritual”.

Hubo más de una señal de que se estaba ante el final del conjunto, antes de la referida confirmación que dio acaso sin querer el cantante. Por un lado, la carta que leyó un fanático a todo el estadio, invitado por el grupo, repleta de agradecimientos y con un remate citando a Carlos Solari: “Las despedidas son esos dolores dulces”. Más duro, en cambio, la nula interacción entre Martínez y Tavo Kupinski, del que se decía que quería irse tal como hizo recientemente Daniel Fernández, que tuvo su momento más áspero cuando el guitarrista cantó después de Micky Rodríguez, que contó con el anuncio de Martínez, y dijo, serio, seco: “Aunque a mí no me hayan presentado, también voy a cantar una canción”. También, el abandono que Martínez hizo de su función en más de una ocasión, no sólo ofreciéndole el micrófono al público y a Rodríguez, como es costumbre, sino incluso hasta el percusionista Facundo Farías Gómez y un bombero; dio la sensación, entonces, que esa podía leerse como una manera de despedirse.

Una vez más, Daniel Buira, ex baterista del grupo, fue de la partida; junto a su grupo de percusión La Chilinga, hizo “Verano del 92”, uno de los tantos hits de “Tercer Arco”, disco muy tocado en “este último ritual”: “Esquina libertad”, “El farolito”, “Shup shup”, “Todo pasa” y “Muévelo”también sonaron. Justamente, vaya un dato para los curiosos, “Muévelo”pasó a la posteridad como la última canción que Los Piojos tocó en vivo, cuando ya era la una.

Hubo también agradecimientos por doquier, desde los de rigor a todo aquel que trabaja para el conjunto, pasando por los fanáticos, hasta los dedicados a otros grupos amigos: Los Redondos, Las Pelotas, Divididos, La Renga, Bersuit y Los Ratones.

Por supuesto, en una noche como esta, ligada a la emoción, no faltaron los momentos de sensibilidad; en “Pistolas”, los hijos de los integrantes del conjunto acompañaron bailando y en “Canción de cuna”, directamente, haciendo el coro; antes de hacer “Pacífico”, Martínez se excusó diciendo que no era bueno para los discursos y que todo lo que la banda tenía para decir lo diría a través de ese tema, uno de los mejores del último álbum por cierto. Las pantallas, por su parte, muy atentas, captaron a más de un muchacho y una muchacha llorando; incluso sirvieron para leerles los labios a una piba que, con lágrimas, se lamentó: “No quiero que se separen”.

La lluvia también hizo lo suyo, el sábado, en “este último ritual”. Fue justa su presencia, acorde a esa sensación referida anteriormente. Para algunos fue una molestia, futura causa de gripe, origen del barro que se formó en el camino hacia el campo y que ensució sin piedad las zapatillas. Para otros, simplemente, fue lo de siempre: agua que cayó del cielo. Y para aquellos piojosos románticos, que los hay, esta lluvia, mansa, incesante, compañera fue un llanto solidario del cielo, que lloró junto a ellos, en esta noche tan triste, en “este último ritual”.

Redacción ElAcople.com

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