RESEÑAS

Ciudad Babasónica

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Un rato atrás

Aunque la jornada del último sábado en el Club Ciudad de Buenos Aires se entreveía extensa y fresca, un interesante puñado de curiosos arriba bien puntual y busca ubicarse en el mejor lugar.

Los primeros en abrir el telón de la noche son los dos de Travesti, minutos antes de las 19, con una mezcla electropopque arranca con “La danza del travesti”,  dura cuatro temas y pasa con más pena que gloria.  

Con mejor recibimiento aparece el trío Coco, integrado por Noelia Mourier en voz y guitarra, Andrea Di Napoli en el bajo y Leonardo Santos en la batería. Entre las pocas luces que iluminan el desnudo escenario, se toman unos treinta minutos para desplegar un poco de rock y pop en los simpáticos estribillos de temas como “Cambio y fuera” y “Lost”, que forman parte de su ópera prima, “Oferta” (2008), editado por Bultaco, el sello de los mismísimos Babasónicos.

Cuando el reloj marca la entrada a la hora 20 del día, los cuerpos dibujan los primeros movimientos. A escena salen los cuatro platenses de El Mató a un Policía Motorizado, e inauguran la ola de aplausos que sólo iba a volver a verse con los reyes sónicos de la noche. Sorteando el tenue sonido que regaló el evento para las bandas “soporte” y la incómoda luz blanca de frente que ilumina el predio y se clava en los ojos de la audiencia, El Mató se toca unas 11 canciones y seguramente se gana nuevos seguidores. Paseando por toda su discografía, suenan desde los comienzos “Navidad en los santos” y “Diamante”, los más cantados “Chica Rutera” y “Amigo Piedra”, y de su última producción “Día de los Muertos”, “El día del huracán” y “Mi próximo movimiento”, entre otras. Con pegadizos riffs, guitarras distorsionadas y bonitas canciones, lo mejor de la previa.

Para cerrar esta apertura del Babafest y con la difícil tarea de dilatar la ansiedad de un público al que le cuesta mucho sacar las manos de los bolsillos y mover los pies, el cuarteto Victoria Mil encara una media hora de show en el que aprovechan para mostrar temas como “Cambiar”, de su última producción “Están despedidos” (también del sello Bultaco) y recorrer algunos viejos como “El rock vive de mi” y “Se fue”. Cuando se despiden, un “chau” generalizado entre tímidos aplausos deja algo bien en claro: el público espera más, mucho más. 

Que 20 años es mucho

Y mientras esperan lo que habían ido a buscar y ante el aburrido silencio absoluto que reina en la fresquísima noche de este particular e inadvertido otoño, los babafans aprovechan para conocerse entre ellos, apostar por quién logra adivinar el primer tema de la lista, tararear su canción favorita o tal vez comunicarse virtualmente con algún conocido que se encuentra del otro lado de la reja. Porque, claro, los shows de esta banda suelen ser bastante particulares y esta noche, la nota de color la da la ubicación. El campo único que el Club Ciudad destina para los conciertos se dividió en dos: de un lado de la valla, los que pueden ver el despliegue bien de cerca; del otro lado y desde la mitad del terreno hacia atrás, los que “de ver ni hablar”. Cuestiones de dinero, nada más.

Adelante o atrás, la convocatoria es casi total y ya no sorprende. Después de casi 20 años de historia, esta banda ha ganado la batalla de la fama y se da el lujo de brindar un show desfachatado.

Enormes escaleras que llegan hasta una estructura metálica imponente construida sobre las tablas; pantallas gigantes de fondo, con alucinógenas proyecciones y un sonido que batalla el viento los aguardaban.

Esto es un Babafest y ellos son los Babasónicos.

Macrodancing

Oscuridad. Alaridos. Insinuación. Luz brillante. Acordes. Más gritos. Sobre la elevada plataforma de metal ya esperan Diego Rodríguez y Mariano Roger en las guitarras, Diego Tuñón en el teclado y el tercero de los Diegos, Castellano, detrás de la batería. Y en el bajo, el atenuado personaje de Carca, quien los viene acompañando seguido desde hace más de un año, luego del lamentable fallecimiento de Gabo Mannelli.

El último en aparecer es él. Lógico. Cara visible, voz, protagonista. Ladrón de la mayoría de las miradas, Adrián Dárgelos sabe que

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