OPINIÓN

Cuatro años

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Cuatro años en la vida de un niño pequeño son sumamente formativos. En cuatro años, un adolescente puede madurar. En cuatro años podés cambiar de trabajo y de novia muchas veces. O quizás ninguna. En cuatro años, una banda puede sacar más de un disco y tocar muchísimas veces. O quizás el cantante se canse de los demás -pero no de su ego- y se haga solista. Si sos empresario, en ese mismo lapso, podés mantenerte en cierta cima, seguir creciendo. O fundirte.

Después del 30 de diciembre de 2004, estas (y muchas, muchísimas otras) posibilidades se terminaron definitivamente para casi doscientas personas y dejaron en standby las de otras tantas. O miles, quizás.

Lo sucedido en Cromañón nos toca bien de cerca porque pertenecemos a algo tan hermoso como lo es la música popular. Todos nosotros recordamos dónde estábamos cuando nos enteramos y cómo nos pusimos al saber que teníamos amigos adentro, si es que nosotros no estábamos ahí metidos, en lo que se convirtió en una sucursal del infierno. Esa noche se hizo eterna y a medida que nos fuimos enterando de la suerte de nuestros conocidos, íbamos pensando en otras cosas como: ¿Qué hubiese sido de mí si estuviera ahí?

La muerte es inevitable. Podemos eludirla una, dos, tres, veinte, cien veces. Doscientas, mil, quinientas mil. Sin embargo, en algún momento llega. Pero las tragedias sí son evitables y peor aún: terminan siendo heridas que no cierran jamás, por más trillado que suene.

Hoy es un día triste, sí. Pero es un día para la memoria, no para la condena. Inútil es pronunciarse en contra o a favor de algo o alguien. Podríamos debatir horas y horas y hojas y hojas acerca de la (in)seguridad en recitales, sobre la inmensa e infinita estupidez humana, acerca de la ambición desmedida, de negociados, de coimas, de Chabán, de Callejeros, de los políticos, la policía, los familiares de víctimas, los sobrevivientes, las negligencias, pirotecnia… Nada de eso tiene sentido hoy; no le hace justicia a la memoria de los fallecidos.

A partir de las 19 horas, tendrá lugar en Plaza de Mayo un acto en memoria de los fallecidos. Una hora más tarde, se iniciará una marcha hasta Plaza Miserere, ahí donde está en pie el santuario, en lo que solía ser República Cromañón.

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