RESEÑAS

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Volver. Volver por unos instantes. Quizás, durante esos 3 minutos que pasan fugaces en los versos de una canción. Quizás, por las dos horas que dura el show. Volver, esa es la sensación. Se vuelve, se olvidan las distancias y las fronteras. Se dejan de lado las despedidas, las angustias y las penas. Y, al menos por un rato, nos sentimos en el barrio.

El martes 7 de octubre, Los Piojos se presentaron en la Sala Razzmatazz de Barcelona, convirtiéndose en la fecha de mayor convocatoria en lo que va de la gira Civilización Europa Tour 2008, que ya se dio cita en las ciudades españolas de Madrid, Bilbao, Galicia y Valencia.
Casi dos mil personas abarrotaron la sala de la calle Almogàvers para reencontrarse con el ritual que todos conocen.

Te diría fue el tema elegido para abrir la noche, seguido de Taxi Boy, Desde lejos no se ve, Todo pasa y Civilización, que fueron fervorosamente recibidos por un público que promediaba los 25 años de edad.

Los botines colgando del micrófono del cantante, anunciaban la llegada de Maradó, con el ya clásico video compilatorio de las mejores jugadas del 10. La siempre muy coreada Tan Solo fue precedida por una más nuevita, Pacífico, dedicada por Ciro a todos los que llevan un tatuaje de Los Piojos. Explotó el estribillo al grito de Voy a llevarte en mí, tal vez queriendo ponerle palabras a ese sentimiento.

A continuación, el centro de la escena fue ocupado por Micky para interpretar Fijate, y cuando todo parecía seguir los rieles de lo previsto, Un buen día fue removida de la lista y la improvisación se apoderó del escenario. ¿Qué prefieren que toquemos? ¿`Bicho de Ciudad’ o `Pistolas’? arremetió Ciro, y la gente se inclinó claramente por clásico de su adolescencia, ovacionando el tema de la placa “Ay Ay Ay”.

Sin embargo, para sorpresa de todos, lo que empezó a sonar fue el famoso blues versionado por The Rolling Stones, Little Red Rooster, donde Juanchi Bisio-nuevo guitarrista de la banda- se dio el lujo de plantarse en el escenario con un brillante solo, ante la atenta mirada del líder, que controlaba cada uno de sus movimientos. Sin lugar para los aplausos, el deseo popular se hizo presente y esa introducción pegadiza de armónica marcó el inicio de Pistolas, que hasta incluyó solos por parte de Sebastián Roger Cardero en batería, y el Changuito Farías Gómez en percusión.

Para ese entonces, el calor recordaba al mítico Cemento. Micky no paraba de moverse de un lado al otro del escenario mientras que en los extremos, las violas de Juanchi y Tavo ensordecían a todos los presentes.

¿Tienen ganas de seguir bailando? preguntó Ciro antes de despacharse con las bolicheras Manjar y Como Alí, que no dejaron piernas sin moverse, despegando a todos del suelo.

La exaltación bajó varios decibeles de la mano de la agónica Difícil, pero la paz no duraría demasiado, relegada por Genius y El Farolito, donde -¡por fin!- Ciro presentó a Juanchi, quién demostró estar a la altura de las circunstancias y fue muy bien recibido por el público piojoso.

Los pasos de murga se despabilaron con El Balneario de los Doctores Crotos, y antes que Toto y Micky revolearan patadas a lo pavote, Ciro dedicó estos versos a los que se fueron de la Argentina gracias al Dr. Méndez, deseando que al pueblo español no le suceda lo mismo.

¿Cómo se dice última canción en catalán? amenazó el frontman, dándole lugar al teclado hammond de Chucky, que interpretó una hermosa e íntima introducción de Ruleta, haciéndose también cargo de las voces.

Las leyes imponían que se acercaba la hora de final y la banda se despedía con Cruel -quizás donde se haya desatado el pogo más intenso-, Vine hasta aquí y el ya clásico enganche de Around and around/Zapatos de Gamuza Azul.

Finale, el momento habitual de leer todas las banderas, tuvo a Mar del Plata, Saenz Peña, Temperley y Córdoba, entre otras, como protagonistas, y entre tantos trapos, uno que rezaba Los Mocosos Italia, nos hizo caer en la cuenta de lo lejos que estábamos de casa .

Ismael Serrano dice en una de sus canciones que las aves migratorias siempre encuentran el camino de regreso. Quizás, por estos 120 minutos, Los Piojos hayan ayudado a recordar ese camino.

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