RESEÑAS

De otro planeta

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¿Cómo es que un grupo de personas titula así al conjunto de música que integra? Seguramente, la mayoría de los que se anoticiaron de la existencia de La Manzana Cromática Protoplasmática lo primero que hicieron, luego de sorprenderse, fue preguntarse eso.

Tal vez, la mejor respuesta a dicho interrogante no se encuentre en las palabras de los músicos del grupo sino en un recital de la banda, viendo qué es lo que hacen arriba del escenario esta patota de locos que, según cuentan, llegaron a la Tierra desde el planeta Cromos.

Por caso, entonces, se puede revisar lo sucedido el sábado, en Niceto Club, donde esta agrupación compuesta por doce artistas peculiarmente disfrazados realizó una nueva edición de sus particulares shows en vivo.

Los telones del recinto, algo agujerados por cierto, se abrieron cuando faltaba más de una hora y media para la medianoche; en ese entonces, el cantante y guitarrista Leandro Machín, en el medio de un pochoclo que toca el bajo y una plancha que hace lo propio con una flauta traversa, introdujo el espectáculo y dio el puntapié inicial del mismo, que se basó en las canciones que incluye el primer y único disco del grupo, “El tren de la vía láctea”, que salió en 2006.

Así, se oyeron temas como “Elástico” y “Jerónimo”, no sin alguna que otra interrupción; por ejemplo, la de dos jóvenes actrices que encarnaron a una pareja de señoras viajando de pie en tren, que entre otras cosas usaron el trayecto para jugar al ajedrez y tomar un té.

Precisamente, el humor es un factor que no abandonó la velada en ningún momento; asimismo, pareciera que eso sucede con el rostro de Machín, al que sólo basta con mirarle un gesto para reírse. Algo así como ocurre con Diego Capusotto. Justamente, uno de los instantes más graciosos del concierto fue cuando el cantante quedó solo ante el público e improvisó una hilarante historia sobre vecinos de dúplex.

Machín, al costado de la pedalera de su guitarra, tenía una caja de herramientas. De ella sacó una foto de Marcelo Tinelli, que usó para matar a los músicos cuando quiso que dejaran de tocar; se las enseñaba, como apuntándoles y al instante ellos morían. Ya sobre el final del concierto, de la caja sacó una llave, comenzó a sonar la música de la victoria del viaje a Bariloche en “Feliz domingo” y la banda entera comenzó a saltar y festejar, triunfantes y emocionados, para terminar arrumbándose uno arriba del otro.

En tiempos en los que tomó fuerza el acaso cierto discurso que dice que la abrumadora mayoría de los músicos hacen lo mismo, lo que saben que les dará éxito, hay que decir, sin miedo a equivocarse, que la existencia de La Manzana Cromática Protoplasmática es un feliz oasis. Y, también, no está de más apuntar que tal vez sea cierto que vienen de otro planeta.

Redacción ElAcople.com

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