RESEÑAS

El poder de imaginar

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Men Of Porn (o simplemente Porn), el trío formado por Dale Cover (baterista de Melvins y anteriormente de Nirvana, entre otras bandas), Tim Moss en bajo, junto a Sergio Ch. (Los Natas), en guitarra y algunas voces (en reemplazo de Billy Anderson, productor de Melvins, Los Natas y varios grupos más) dio comienzo a la noche. Una batería en cámara lenta, acoples, efectos, perillas y ruidos por doquier. Nadie ahí buscaba coros ni estribillos; tan solo veinte minutos de ruido, un ruido maravilloso.

¿Quién dijo que la guitarra es un instrumento esencial en una banda? Con tan solo dos integrantes, Big Business (Coady Willis en batería, junto a Jared Warren en bajo, que minutos más tarde estarían nuevamente en el escenario junto a Melvins) se dedicó a experimentar durante un buen rato, a base de algunas voces, un bajo con la distorsión al máximo y una batería con sincronización digna de un reloj. Exquisito.

El sueño del pibe

Imaginen un pantano gigante, lleno de mugre, densidad y oscuridad del cual, una vez dentro, es imposible escapar. Un pantano donde los ahogados en él no se preocupan por escapar; disfrutan nadando en el barro.

Ahora bien. Imaginen dos baterías en el filo del escenario, tocando sincronizadamente y con certeza en los mismos golpes, generando un efecto similar a un modular lleno de platos cayendo por una escalera. Imaginen una guitarra y un bajo que parecen serruchar amplificadores. Imaginen a Buzz, con su sombra de un helecho capilar que hace años no ve un peine, abriendo la boca sólo para cantar. Imaginen un tema que duró poco más de una hora, tiempo en el que se fue fragmentando en distintas canciones, sin dejar pasar un segundo sin sonido entre una y otra. Imaginen esas dos baterías nombradas anteriormente compartiendo platillos; un zurdo y un diestro comportándose como pulpos, aporreando parches infinitamente. Imaginen canciones como “Boris”, “Eyes flys” (tema que versionaba Nirvana) o “Honey Bucket”, combinadas con zapadas interminables, haciendo que los medidores de decibeles lleguen al máximo.

Soñar e imaginar es gratis, y el sueño de muchos se cumplió. Aquí no hubo hits, nadie los quiso. No hubo camisetas de fútbol, no hubo bises. No hubo saludos. Tan solo hubo tres bandas, compartiendo integrantes entre si. Los que pagaron la entrada soñaron con escucharlos alguna vez en vivo, mientras que los habitués del lugar no sabían muy bien qué estaban viendo.

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