RESEÑAS

En la boca del lobo

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Como es habitual, en cada punto del país donde se presente La Renga hay una multitudinaria previa en las afueras del estadio y en las plazas aledañas, en donde jóvenes de todas partes se juntan para realizar su propio ritual.

A las 20.30 el estadio de “La Crema” ya estaba lleno; veinte mil personas listas para vivir una gran fiesta de rock. Entre ellos, había muchos chicos menores de veinte años y también mucha gente local ajena al público que suele ir a este tipo de eventos.

El show, igual que el último realizado por la banda en Neuquén, abrió con “A tu lado”, seguido por “Almohada de piedra” y “Tripa y corazón”. Tete, como siempre, corrió como si fuese Usain Bolt, yendo de una punta a la otra del escenario.

Los temas de “Truenotierra” (2006), la placa que siguen presentando, se hicieron presentes casi en su totalidad, pero a diferencia de otras oportunidades, esta vez fueron intercalados con canciones de producciones anteriores lo que hizo que la adrenalina se mantenga siempre arriba.

La escenografía estaba puesta de tal manera que simulaba ser una especie de cueva lúgubre con varias estalactitas y estalagmitas rodeando a la banda. Chizzo, con su ahora habitual pañuelo en la cabeza, saludó a la gente y comenzó a entonar de forma consecutiva “El monstruo que crece”, “Detonador de sueños” y “Motoralmaisangre”, esta última dedicada a todos aquellos amantes de la ruta, quienes se hicieron unos cuantos kilómetros con la excusa de ver a la banda.

A continuación, “Montaña roja” bajó un poco los decibeles, pero la primera gran explosión de la noche llegó con “En el baldío”. Aquí hizo su aparición Manu, quien quedó como el único encargado de la sección de vientos luego de la partida de Chiflo, y eso, lamentablemente, resta más potencia de la que suma.

Después de “Cualquier historia”, se vino la primera sorpresa de la noche. “Cortala y olvidala”, muy festejada por los fans más viejos, marcó la diferencia con el público más nuevo, ya que la mayoría de los chicos desconocía su letra. Esta situación no se repitió en canciones más recientes como “Mujer del caleidoscopio” y “Entre la niebla”, esta última cantada por Manu.

La banda realizó un pequeño parate y se preparó para ejecutar una tanda arrolladora. Así fue como regalaron temas para todos los gustos, como “Bien alto”, “Al que he sangrado” y “Hielasangre”. Pero de esa seguidilla, sin dudas el más destacado fue “El viento que todo empuja”, que mezcló a la perfección las dos versiones existentes, tanto la editada en “Despedazados por mil partes” (1996) como la de “Bailando en una pata” (1995). Se podría decir que ese fue el punto más alto del recital.

Sin dar tregua, siguieron con “Ruta 40” y “La boca del lobo”, canción en el que dos lobos inflados se hicieron presentes a un costado del escenario. Estos dos temas, sumados a “El rey de la triste felicidad”, fueron intercalados entre tres joyitas de “Despedazados por mil partes”: “Desnudo para siempre”, “Cuando vendrán” y “El final es en donde partí”. La gente festejó y expresó su felicidad con cada uno de ellos.

La despedida fue con “Oscuro diamante”; sin embargo, todos se quedaron estáticos en sus lugares esperando los hits infaltables en cada una de las presentaciones de la banda de Mataderos.

Durante el receso, se proyectaron en las pantallas pinturas rupestres con una música aborigen de fondo hasta que finalmente la banda regresó al escenario. Chizzo hizo una pequeña ironía respecto del sonido cuando dijo: “los últimos temas no pueden salir desafinados”.

“Huuuuooolaaa a todoos, yo soy el león”, de “Panic show”, abrió los bises. Continuaron con “Arte infernal”, otra canción de “La esquina del infinito” (2000), para darle paso a otra de las gemas de la noche y uno de los primeros temas compuesto por La Renga: “Somos los mismos de siempre”.

El público, totalmente satisfecho, coreó “La Renga es un sentimiento”, acompañados por el bombo de Tanque y la arenga de Tete. Finalmente, se despidieron con el gran hit renguero, que por estos días cumple diez años. Así fue como “El revelde” hizo explotar Rafaela.

Todos los integrantes se despidieron de “manera definitiva” y muchos de los que no conocen la idiosincrasia de la banda comenzaron a retirarse. Pero claro, faltaba el cierre tan ansiado por todos. Como era de esperar, regresaron a escena una vez más.

El cantante aprovechó para agradecer a la gente de Rafaela por el buen recibimiento y para darle un palito a quienes cuestionaron durante la semana a La Renga y a su público porque se temía que haya incidentes. Aunque después el mismo Chizzo agregó: “Bueno, tenemos nuestras cositas pero ¿quién es perfecto?”.

Ahí sí, la banda comenzó su despedida definitiva con “La razón que te demora” y, por supuesto, con “Hablando de la libertad”, el tema encargado de cerrar todos los recitales de la banda. Éste fue tocado con las luces del estadio encendidas mientras todos gritaban a más no poder sus ansias de morir queriendo ser libres.

El público rockero de Rafaela vivió su gran noche, ya que para muchos fue el mejor recital de la banda en mucho tiempo. La Renga cumplió con las expectativas y dejó conforme a todos los que se hicieron presentes en la cancha de Atlético Rafaela. Ahora la gira “Truenotierra” continúa primero en Mendoza y luego en España, mientras se espera que la banda anuncie un gran cierre del año en Capital.

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