RESEÑAS

Crecen hongos en el blues

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En la previa no se notaban grandes expectativas en los rostros, duros por el frío, de los fanáticos que se acercaron a Flores. Menos después de oír de boca del histórico manager de la banda, Killing Castro, que el esperadísimo disco nuevo se demoraría hasta el año que viene.

Sin embargo, apenas pasadas las nueve del viernes, la banda corrió el telón con la electricidad de tres temas nuevos al hilo, esos que ya estrenaron anteriormente en sus últimas actuaciones del año: “Hombres en U”, “Muerto a laburar” y “Buscando un ángel”. Parecía la presentación de ese bendito elepé que sufre del síndrome “Chinese Democracy”. Cuando Ricardo Mollo introdujo a “Casi estatua”, el castillo de cristal en el aire, la quimera, se derrumbó.

Divididos transita el vigésimo primer año de su vida y esa maduración es lo que determina el sonido de sus pasos. Las viejas canciones se expanden en jugosas jams que varían según el estado de ánimo de los músicos. Es decir, no son una banda de covers de sí mismos, no pierden la gracia. Puntualmente en este concierto, se pudo disfrutar de una versión de “Tomando mate en La Paz”, en la cual conjugaron duros acordes de reggae con tintes stoner, en un clímax que duró más de la cuenta. Iguales recursos utilizaron para la ya habitual coda pirotécnica de “Voodoo child”, en donde Mollo reescribe el manual del guitarrista. Pero el punto más alto quedó en los oídos de todos tras el enganchado “Cristófolo Cacarnú/Indio dejá el mezcal”, este último no con su letra original, sino con un recitado autóctono.

También hubo lugar a un pequeño set acústico, costumbre que rescataron de antiguos conciertos, pero que se fue perdiendo con tanto ritmo al palo de los últimos años. Aquí se dieron cita dos joyas de “Vengo del placard de otro”: la canción homónima y “Pepe Lui”, lo más cercano a un hit que tuvo el último trabajo en estudios. Completaron con “Par mil”.

Pese a tamaña muestra de calidad, algunos de abajo parecieron desesperarse y pedían rock para saltar. “Paisano de Hurlingham”, “El 38” –con dos fans como invitados, Tobías y Lucas, hermanos, niños ellos, baterista y guitarrista, respectivamente-, “Rasputín”, “Cielito lindo”, “Ala delta” y todas esas que conocemos de cabo a rabo, que no sorprenden en absoluto pero no deja de ser una producción que cualquier banda local envidiaría, respondieron a lo reclamado.

La sensación que deja Divididos es similar a la que uno puede sentir si mastica un chicle durante siete años. Depende del lado en el que lo muerdas, el sabor –gastado- va a variar. Si lo afirmado por Killing es veraz, quiere decir que el chicle se va a estirar, como mínimo, por un semestre más.

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