RESEÑAS

Festejo charrúa

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Hoy sienten que pueden hacer todo; hoy la luna los invita a seguir. Y es que en sus 13 años de carrera, La Vela Puerca nunca dejó de crecer. Transitando una gran cantidad de aristas del cubo de la música, los uruguayos lograron ganarse no sólo el corazón de la escena del rock sudamericano, sino también un amplio espectro de seguidores. En sus recitales se pueden ver, además de pluralidad generacional, gente de todos los ámbitos musicales.

Con esa variedad de colores se teñía el Estadio Obras el último viernes 22 de agosto. Seba “El Enano“ Teysera, esta vez y raramente sin su característica boina, dejaba caer los versos de sus canciones a través de su rasposa voz tabacalera. Eran las 21.30 y La Vela Puerca arrancaba su show de la mano de “Mañana, tema de su simbólico álbum “De bichos y flores”.

“¡Esto es todo íntegramente culpa de ustedes!”, acusaba amigablemente el Enano al público, haciendo referencia a la gran fiesta en la que ya se había transformado el predio de la calle Libertador. “El ojo moro“, “Huracán“ y “Escobas“ serían las encargadas de terminar de calentar al público, que había recibido ya un buen fogueo de la mano de El Sepulcro Punk, los teloneros de la noche.

La valla que separaba el escenario del campo parecía no ser más que un inútil intento de establecer distancia entre la banda y su público. Por el contrario, La Vela Puerca manifiesta su espíritu vecinal con la Argentina a cada instante y hace desaparecer ese límite fundiéndose fácilmente, en voces y energías, con sus espectadores. Entonces, suena “Dice“, una especie de baladita con gusto a rock, que el público acompaña gustosamente.

Mechando temas de todos sus discos, los uruguayos siguen cosechando aplausos y cánticos minuto a minuto. Para ese entonces los decibeles bajan y comienza Un frasco, canción (sádica o justiciera, dependiendo del punto de vista de sus escuchas) que invita, tal vez, al recuerdo de “Diez negritos”, la famosa novela de Agatha Christie.

Para el turno de “Caridad“, sube como invitado Denis Ramos, trombonista de No Te Va Gustar. A partir de allí, el escenario se convertiría en un espacie de conventillo musical, perdiendo un poco la estética organizada que suele tener la banda, pero demostrando ese tinte barrial que predomina siempre en sus shows. El cálido y potente sonido de los vientos, la presencia del Enano, la energía que emana Sebastian “Cebolla“ Cabreira –quien pareciera, a lo largo de todo el recital, esforzarse por ver a los ojos a cada uno de sus espectadores– son los principales condimentos de la receta que mantiene a La Vela Puerca en el lugar donde se encuentra hoy en día. Ni el conflicto político-social con el país oriental logra manchar dicha hermandad. O tal vez, esos versos de “Haciéndose pasar por luz“, que se preguntan qué hacer “…Cuando ya no planten más, y nadie se haga cargo / de los ríos y del mar, de la mugre del lugar…” signifiquen un pequeño guiño para dejar en manifiesto su postura respecto al delicado asunto.

Llegando el último tercio de show comienza el set fuerte de la noche. Una imagen lluviosa en la pantalla grande y un sonido tormentoso anticipan el primer tema de dicho segmento, “Va a escampar“. Luego, al grito de “¡Documentos!” llegaría “Vuelan palos”, la reggae-cumbia que, a través de sus vientos, invita al tradicional “Vamos, vamos la vela de mi corazón”. Con una gran suavidad, la banda acompaña al público en el canto más que a la inversa, y se limita prácticamente a brindar la base musical para guiar los tiempos de la canción; uno de los momentos más íntimos de la velada. “Zafar“ (con espontánea intervención de Emiliano, cantante de No Te Va Gustar), “Alta magia“ y “Potosí“ serían otras de las más coreadas de la noche.

Acercándose a las 24.00, Teysera & Cía se disponen a cerrar el show con “El profeta“. Luego del saludo final, y de que algunos empezaran a dejar el estadio, el cantante vuelve de la mano de Alejandro Balbis (cantautor uruguayo, ex arreglador de la murga Falta y Resto) e interpretan el clásico “José Sabía“.

Ahora sí, la tercera presentación de La Vela Puerca en el estadio Obras había concluido. Dos horas y media de show dejaron satisfecha a la masa que se había hecho presente en el barrio de Belgrano para festejar junto a la banda. El propósito se había consumado y la gente llevaba, como souvenir, el eco de los versos del último tema en sus cabezas y gargantas. Después de todo, no se necesita excusa para hacer una fiesta. Y al fin y al cabo, se trata simplemente de eso que cantan: de festejar para sobrevivir.

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