RESEÑAS

La era de la madurez

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Segundo jueves de agosto, no son ni las nueve de la noche y el Luna Park desborda de cuerpos deseosos de la potencia que entrega la maquinaria guitarra-bajo-bata que forman MOLLO, ARNEDO y CIAVARELLA. Al parecer DIVIDIDOS te llena cualquier cosa y cualquier día; a las pruebas me remito.

Los patovas te ayudan a entrar al campo por la puerta del centro como vimos que unos tipos de blanco lo hacen en los subtes japoneses: empujón prolongado y tratar de calzarte entre otros dos, con ayuda del sudor que resbala.

Mientras me apretujo, pienso en los cientos de informes que vi en tele donde hablaban de una ley viejísima que dice que tiene que haber un metro cuadrado por persona, una exageración que nunca se cumplió y que resulta tan exagerada como la venta de entradas para este show.

Levanto la vista y lo primero que elijo mirar es al CÓNDOR, al que dibujar líneas en el bajo le sale más fácil que sonreír y que por más de dos horas -desde “La Ñapi de Mamá” hasta “El 38”– mantendrá su aura a la derecha del espectador, siempre de negro, siempre impecable y siempre letal.

Salir a asustar te protege más. Nunca el peón se come al rey. Justicia y miedo, asao y arroz… Pasan las ideas, la masa repite a los gritos y se generan distintos comportamientos según la ubicación en la que se encuentre cada uno.

El plateista está concentrado, no le saca los ojos de encima a las manos de MOLLO, grita poco pero asiente con la cabeza cada punteo o cada golpe de bata.
En la populares y los costados del campo, se levantan los brazos y se agitan al compás de los versos que se vivan “No estoy solo, puedo salir a comprar” y una mano en lo alto va, viene y vuelve a ir, con fuerza y convencimiento de lo que se exclama.

En el centro es todo pasión: sudor, salto, empujón, gritar si hay aire y concentración para no perder las zapatillas cuando sale el primer acorde de “Rasputín” y la emoción se transforma en avalancha.

¡Que enojado parece ese pibe que toca la batería hace ya un par de años! CATRIEL CIAVARELLA, con su remera de Muhammad Alí, se mete en el personaje y le da con una bronca a los parches robándose miradas y aplausos en medio de dos monstruos que no le escatiman protagonismo y lo dejan lucirse en un solo donde deja los palillos de lado y se rompe las manos contra tambores y platos.

Cuenta Ricardo que “Mimoso a marzo” –de ”Otroletravaladna”– es tan solicitado que han decidido dejarlo fijo en la lista habitual y la gente chocha de la vida. “Cajita musical” es un temazo y merece que todos canten el estribillo como pasa en el Luna. Para “Vodoo Chile” hay pelotita de tenis, mini guitarra de juguete y una pantuflita de un bebe exprimiéndose contra las cuerdas de la viola: es costumbre ya a esta altura que el violero quiera experimentar con nuevas púas.

Con la intensidad de un himno nacional, “Vida de topos” muestra al trío dirigiendo 10 mil almas que levantan sus rodillas y marchan bandera en mano al ritmo de “Yo te pido un favor topo no te despiertes más, las trampas de tu amor, son angustia y soledad”.

Aparece en escena ROBERTO PETTINATO (ex SUMO) con el saxo colgando para hacer esa joya de la banda de LUCA llamada “Next Week”. Diego, uno de los cocacoleros, agita como uno más con el brazo que le queda libre y es parte de la fiesta.

Con una sonrisa impecable, como si el sol recorriera su cara, MOLLO le dice a su pebeta que se vista para ir a pasear en esta noche paqueta. Ay que dios boludo, se hizo el canchero con milagros.

ARNEDO se para frente el piano para reversionar “Spaghetti del rock”, y cuando vuelve a las cuatro cuerdas las destroza con “Azulejo”, para que quede claro que él manda en el rubro.

Después del primer acorde de “Paisano de Hurlingham” te mordes el labio inferior sin poder creer esa estampida de sonido y buscas complicidad con el que está a tu lado.
“Cielito Lindo” genera círculos inmensos en el campo que son invadidos de locura cuando se acelera el tempo y hay que cantar sin llorar.

El cierre a cargo del cargado 38 agrega “en tu cabeza hay muchas cosas” y no hace más que sumar otro análisis más a todas aquellas cuestiones que ya habían reventado mi cabeza.
Que suenan excelente y ajustados, que cada uno de ellos está en el podio de los mejores en su puesto en el ámbito local, que dan shows enérgicos y sentidos y que luego de 17 años tocando alcancen esta madurez que les sienta tan bien…

Claro, eran parte de SUMO, no es casualidad que tengan este presente –y ese pasado-, que sean una de las bandas más prestigiosas y convocantes del país y que entreguen más de dos horas de pura potencia eléctrica cada vez que se lo proponen, dando razones para que los santos en remera te revienten todo, incluso un frío jueves de agosto.

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