RESEÑAS

Divididos por la electricidad

Por  | 

Recordemos la noche del jueves. Con el Gran Rex completo, empezó a sonar una intro instrumental de aire hindú. Oímos después los primeros acordes de “Un alegre en este infierno”, versionada para la ocasión sin todo el peso de cuerdas y arreglos que tenía el original en ”Vengo del placard de otro” (’02, ¡eh! ¡tres años ya del último disco! ¡va siendo hora de uno nuevo, colgados!) pero con la misma emoción.

Sin pausa, siguieron con ese himno zen que es “Par mil”, “Vientito de Tucumán” y “Brillo triste de un canchero”. La puesta se descubría brillante. Muy bonitas luces decoraban la escena, giraban y giraban e intercambiaban su intensidad según el momento de cada canción. Los dibujos de SEMILLA BUCCIARELLI en la pantalla gigante adornaban el ambiente volviéndolo suave, leve e intenso.

La sorpresa fue “Virna Lisi”, un energizante natural que calentó el ambiente junto con “Regtest”, ambas de SUMO, ambas made in Traslasierra en 1981, ambas incluidas en ese discazo que es ”Time Fate Love”, que tranquilamente podría ser el mejor disco de SUMO (sin todos los SUMO) o el mejor que alguna vez haya compuesto un solista aryentain con los pies sobre el pasto cordobés y el corazón en NICK DRAKE, BRIGHTON, el reggae y el post – punk.

Para “La ñapi de mamá” volvió el sonido oriental de las guitarras, más rockerizado a la LED ZEPELLIN de “The Battle of evermore” se podría decir. MOLLO liberaba totalmente su guitarra eléctrica, ARNEDO hacía lo propio con la electroacústica y un teclado a su lado regalaba texturas a cada canción. CATRIEL descargaba su carácter sobre un pandeiro, agitando la canción.

Aún cuando el baterista le devolvió fuerzas a “la aplanadora”, no encontró su cauce en los momentos más frágiles del show: su batería desbordaba las canciones por fuerza o sonaba inapropiada. Allí se entiende el por qué de su participación mínima en este formato musical de DIVIDIDOS, mínima por lo menos en comparación de ARAUJO, cuyo aporte rítmico y percusivo a cada canción acústica del trío terminó siendo un factor importante para la reinvención del grupo del “Narigón del siglo” para este lado.

Tras el bloque “telúrico – irónico – pestilente” (tal cual lo presentó DIEGO) que incluyó “Ortega y Gases” más “Clavador de Querubín”, hubo tiempo para recordar la poesía de MARIO ARNEDO -padre del bajista, músico, señor de chacareras- con una interpretación de su canción “La amanecida”, ideal en la voz de MOLLO, con ARNEDO en bombo legüero y DIEGO ROLON como guitarrista invitado.

El mejor momento de la noche fue la pausa intimista (¿puedo decir low fi aunque sea DIVIDIDOS? ¡Ma’ sí!, yo lo digo igual). Velas amarillas y naranjas, MOLLO sentado en el piso, cruzando sus piernas, tan sólo con su guitarra, tan solo un micrófono de ambiente tomaba su voz desnuda y lejana; detrás suyo, DIEGO se ubicaba sobre un almohadón, frente a un organito sesentoso, pintado con acuarelas verdes y rojas, chiquito, que se escuchaba a lo lejos. Así de fácil, con muy poco, hicieron mucho. “Spaghetti del rock”, más beatlesca que nunca, ideal.

De a poco, se fue calentando el lugar, y para empezar, rescataron “Hace que hace”, del genial y golpeado “Otro le travaladna”, con MOLLO en batería, CATRIEL en bajo y ARNEDO en guitarra y voz.

Párrafo aparte para esa clásica y suprema combinación entre “Cristóforo Cacarnú” e “Indio dejá el mezcal”, gema en vivo que perdura inalterable y recuerdo que data de los años de “la boludez”, los ponchos, los 13 Obras, ¡los caballos en el escenario!, MOLLO más viejo y gordo que ahora, DIEGO en total estado de vida rockera y FEDERICO GIL SOLA como modelo del “baterista de rock extremista”. Como cita, perfecta.

Comentario a propósito: ¿Será bueno que después de más de 10 años DIVIDIDOS “retroceda” en el tiempo para recuperar la actitud rockera de “la aplanadora” y lo defina como un objetivo, cuando en los últimos tiempos habían evolucionado y demostrado que eran capaces de mucho más que eso sin abandonar ese aspecto y que podían seguir progresando? Para pensar, vamos a un corte y después de la tanda lo debatimos.

Siguieron, entre otras, la bella “El fantasio”, “Ay que Dios boludo”, y cerró la velozmente inentendible y fascinante “Basta fuerte”, súper rock que más de mil veces me traté de explicar sin resultado certero, alcanzando solo en repetir cosas como “tortuga con llavero”, “víboras desnudas en el can – can furioso”, “jazz homeópata en Jáuregui” o “nene de Bulgaria”, un gran acertijo.

No ofrecieron mucho más de “eso” a los que nos tenían acostumbrados. Extrañamente, ahí donde estuvo lo bueno del show, lo que todos esperábamos y queríamos, también estuvo “lo habitual”, lo típico, eso que genera dudas o pide a gritos algo distinto, sorpresas. En fin, muchos se fueron contentos, otros contentos pero esperando más. Pequeña diferencia para mantener las expectativas ante un gran grupo.

1 Comentario

  1. octavarium

    1 enero, 2001 en 00:00

    muy buena la nota, Graneros me hizo querer estar ahí, y eso es lo que vale. Aplausos para él. en cuanto al debate, coincido con Drsaturno: las bandas cambian y no se puede esperar lo contrario (además sería aburrido que se queden estancadas ¬¬). Hay que saber o intentar comprenderlas y no caer en el pensamiento de pulposesta (desde que se caso con oreiro esta hecho un boludo con tantos instrumentos rusos que se compra), que sería bastante pobre, en mi opinión. una aguante para Divididos que es una de las mejores bandas de Arg.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *