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Los Rolling Stones lanzaron su gira en Nueva York.

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La pregunta provocó risas y lástima a la vez. ¿Van a ir a la Argentina? Tal vez hagamos allí un concierto de caridad, se mofó RON WOOD, el bajista de los ROLLING STONES. Con el estado de la economía, tal vez no sea conducente, agregó, por su lado, MICK JAGGER con tono más serio, aunque sin sacarse la sonrisa de sus mundialmente famosos gruesos labios. We love Argentina, dijo a continuación. Argentina es nuestro país, añadió a un costado del escenario Keith Richards. Una bandana roja le cruzaba la frente.

Hacía un calor mortal, mientras transcurría ayer esta desordenada escena. Los ROLLING STONES acababan de dar una vuelta en un dirigible amarillo sobre el Bronx. Su propósito no era obviamente hablar de la Argentina, un país que tienen siempre en mente. En cambio, su objetivo era presentar su gira mundial. La gira de los cuarenta años.

Son todos flacos, esqueléticos. Sino fuera por las arrugas, pareciera que son y serán perpetuamente chiquilines, a excepción de Charlie Watts, que parece más bien un fantasma inmutable. El baterista no habla ni ríe. Los otros, en cambio, no se toman ningún tema en serio, ni siquiera la cantidad de años que llevan tocando juntos. Y cuando alguien les pregunta sobre esto, Jagger se mofa y dice ¡qué cosa tan amplia!, y cambia olímpicamente de tema.

El día es húmedo. El sol castiga. Pasada la una de la tarde, los cuatro se suben al zeppelin. Jagger va al lado del piloto, lleva una cámara de video en la mano, como si fuera un turista. El dirigible cruza el cielo, mientras tres helicópteros le siguen el paso, como si fueran guardaespaldas del aire. Es un evento para fotógrafos, está claro. Pero, por momentos, el aparato vuela muy lejos, y su vista queda obstaculizada por la gran carpa de prensa, en donde tanto era el calor, que se derretían sin remedio los quesos y el chocolate de las galletitas puestas para el lunch. Afuera, unos 400 policías cuidan a los dioses del rock and roll. Un par de miles de fans, en tanto, tratan de verlos, aunque sea de lejos. De repente, después de volar unos 20 minutos, el dirigible aterriza en el campo de béisbol de un parque llamado Van Cortland. Seguro que allí no llegaron en subte, sino en limosina. Cada uno le firma al piloto de la máquina un autógrafo, antes de bajar. Richards se prende un cigarrillo inmediatamente, como si lo necesitara para seguir existiendo.

A los Stones les gusta esta clase de presentación faraónica para sus giras. Ya han hecho algo parecido en el puente de Brooklyn y en la estación Grand Central, en Manhattan. ¿Por qué siempre en Nueva York? Porque es la capital de medios del planeta, dice Jagger sin inocencia. Pero, en algún sentido, esta es una gira especial para los Stones. Van a tocar en estadios enormes y medianos, pero también en clubes y teatros chicos, para tener más intimidad con el público. Empiezan el 5 de setiembre en Boston, y terminarán dentro de un año. En el medio, pasarán por la China. Será la primera vez que pisen el gran gigante de oriente, el reino del medio.

Jagger, con su saquito plateado, es el maestro de ceremonias de la conferencia. Apenas se sube al escenario, anuncia también que la noche anterior finalizaron las negociaciones para lanzar un disco doble: Lo mejor de los Stones. Ya era hora, murmuran en seguida en la platea. Otros aplauden. Son todos periodistas.

Luego, los Stones anuncian también el lanzamiento del Club de Fans oficial del grupo en Internet. Pero para ingresar habrá que pagar entre 50 y 95 dólares. Los que compren entradas para verlos en esta gira, serán miembros automáticamente. Tal vez los argentinos no tengan la suerte de ir a sus conciertos. Quizás por caridad los dejen entrar colados al sitio de la red…. Quién sabe.

FUENTE: www.clarin.com.ar MARINA AIZEN. Nueva York.

Redacción ElAcople.com

1 Comentario

  1. AngieStone79

    1 enero, 2001 en 00:00

    hola stonianos no desesperen yo tengo la esperanza q jagger venga a la Argentina, no nos va a hacer eso. Saludos a todos AngieStone79

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