Con 32 años de
carrera sobre sus espaldas, y manteniendo su formación original desde el primer
día, The Adicts se presentó por primera vez en Buenos Aires, en el local Súper Rock.
El calentamiento
previo estuvo a cargo de Horror Humano, The Cash, Horror
Vendetta y el tributo al Misfits de la primera época por parte de Horror
Biz. La cosa iba tomando color, mientras la gente iba y venía y se tomaba
alguna cerveza a modo de espera.
El soundtrack de
La Naranja Mecánica sonaba de fondo mientras los músicos tomaban posición en el
escenario, y la gente agitaba sin parar. De a poco se iba viendo lo que
vendría. En la entrevista que dieron a El Acople, decían que el show iba
a ser igual de bueno que la audiencia. Y vaya que fue así. Con la gente
coreando absolutamente todos los temas al mejor estilo hincha de fútbol, y
agitando sin respiro, estos cinco drugos y un jocker le respondieron de la
misma manera a los cuatrocientos presentes, sedientos de punk rock. Y así fue
Durante todo el
concierto, una marea de cotillón iba y venía. Serpentinas, papelitos, pelotas
inflables, naipes, un montón de chicas invitadas a bailar arriba de las tablas,
y una fiesta debajo de las mismas, donde todo se desarrolló con tranquilidad.
El sonido fue
algo confuso por momentos, lo que hacía que se complique adivinar qué tema
estaban tocando, pero al tratarse de un show de punk rock, a la gente no le
interesó demasiado. A lo largo de la presentación, se pasearon por varios temas
de todas sus épocas, como “Jocker in the pack”, “Numbers”, “Viva la
revolution”, “Bad Boy”, “Chinese takeway”, “Steam Roller” y “Ode to joy”,
junto al himno de la hinchada del Liverpool, "You'll Never Walk Alone", entre otros tantos.
Tras casi dos
horas de concierto, se despidieron con todo revoleando pelotas inflables a la
audiencia, coronando una gran fiesta de punk rock aprobada por todos los
presentes.
La banda
tuvo un excitante debut en estas tierras, y se notaba en los músicos, quienes
estaban muy sorprendidos por la respuesta de la gente. Esperemos que esto se
repita, y que los productores vuelvan a confiar en este estilo de música,
dejando de lado las peleas y las estupideces.