header_top_left
header_left_left header_logo

 
home_left_paint home_paint_separator
noticias_list_mas_noticias
11.03.2010
Vuelve, vuelve, primavera (10)
10.03.2010
Bombardeo del single (6)
10.03.2010
Por Chile (7)
09.03.2010
Esperábamos más (1)
08.03.2010
Quienes Somos (4)
08.03.2010
Antes que nos olviden (11)
08.03.2010
La alternatividad al palo (1)
lunes, 08 de febrero de 2010
COBERTURA
Juventud, divino tesoro
Cranberries volvió a los escenarios con una gira mundial que los trajo rápidamente por terrenos sudamericanos.
Juventud, divino tesoro

Hablar del regreso de The Cranberries es hablar de un regreso ciertamente extraño. Se da un fenómeno que generalmente pasa con bandas lideradas por mujeres. Puede ser como con The Pretenders o los Cardigans. Una figura femenina tan imponente que el resto de la banda es un mero acompañamiento. Es verdad que a los fans incondicionales les importa todo el conjunto en sí, pero al gran público no. Y esta no es la excepción. Después de separarse del grupo para dedicarle tiempo a la maternidad, Dolores O’Riordan se despachó con dos buenos discos solistas que no diferenciaban mucho de lo hecho con Cranberries anteriormente. El último de ellos, “No bagage”, salió a fines de 2009 y en vez de girar para presentarlo, decidió reunir a su vieja banda.

La gente respondió satisfactoriamente. Si bien en su visita solista de hace dos años se habían agotado las entradas rápidamente, ni el más optimista soñaba con dos Luna Park totalmente agotados. Y cuando digo total es total. Si hasta se lo vio a Gaston Gaudio merodeando por conseguir un lugar.

Ahora, el público. Pop en extremo. ¿Qué significa eso? Los fans (que, obviamente, son parte del club de fans y ocupan la primera fila) agitan todo, cantan todo y le regalan cosas. El resto lo único que atina a hacer es a pararse. ¿Qué pasó con la fama del mejor público del mundo, muchachos? Es casi un tema sociológico. No había remeras negras. Y los que sí tenían ya se iban al extremo con bandas como Mayhem o Canníbal Corpse. Pero eso habla del gran potencial del grupo, uno de los que mejor condensó el pop en el amplio sentido, con buenas ideas, sin caer en lo “grasa” o que las canciones no envejezcan dignamente. Tienen alguna fórmula de vitalidad, de continuidad con el tiempo, de seguir siendo actuales y llegar a gente joven. Pero, de la misma forma, se autolimita. Se podría decir que es algo peligroso tener un repertorio de tantos hits. Imagínense qué pasaría si un día los Decadentes o Kapanga decidieran dejar de tocar sus hits. ¿Se sostiene acaso la banda?

Acá pasa algo parecido. Un grupo que en otras circunstancias y con otro público no daría esa sensación de automatización. Y no me refiero a que vinieron y tocaron de compromiso, todo lo contrario. Hablo de un repertorio automático, sin fallas. De no desafiar al auditorio cuando tenés todos los condimentos para hacerlo. Igual cada tanto hay algunas desviaciones, como tocar un tema como “Daffodil Lament”, algo que por ahí va por otros caminos a lo que el resto del show acostumbra. Incluso temas como “Salvation”, que están diseñados para que cualquier estadio se caiga a pedazos, parecen demasiado intensos para el clima el show. Pero más allá de todo la gente es respetuosa y escucha con gusto. ¿La banda? Bien, imposible fallar teniendo todo tan programado como una obra de teatro. Pero tan desconcertante que el que hace los solos de guitarra y el trabajo más importante es el músico invitado. Definitivamente curioso.

Dolores no tiene una gran presencia. Debe medir un metro cincuenta y tiene el cuerpo de una nena de 10 años. Sin embargo, es un imán para los ojos. De una voz intacta, que usa vestidos de señora mayor y que también se mueve como una. Pero esa voz, tan maravillosa. Tan natural. Es tal la presencia que las cámaras en ningún momento enfocan a los músicos. En ninguno. Pero en conjunto parecen un grupo de raros que lograron conquistar al gran publico. Cada tanto suele pasar.

¿Las canciones? Ya dijimos. Todas las que escuchamos en radios como Aspen (“Linger”, “Ode to my family”), algunos para complacer a los fanáticos (“How”, “Empty”, “Dafodil Lament”) y un par de nuevas (“Ordinary Day”, “The Journey”), y todos contentos. Entonces, ¿cuál es el balance final? Dos show perfectos. En todo sentido. En definitiva un concierto de rock para gente que no frecuenta conciertos de rock. Pero, ¿qué mejor manera de iniciarse? De todas formas, de ahí a ir a comprar los discos de Mayhem...

En sí, el show fue formidable, seguramente será de lo mejor del año. La banda está en plena forma. Pero queda la pregunta de cómo se manejarán en terrenos que no les sean tan cómodos.


Facundo Llano
Redacción de El Acople
X

Enviar A:
Email:  
De:
Su Nombre:
Enviar por email Imprimir Valorá la nota - 0 votos + facebook
04.03.2010 Vuelve Aerosmith (15 comentarios)
08.03.2010 Antes que nos olviden (11 comentarios)
01.03.2010 Viva Coldplay (11 comentarios)
11.03.2010 Vuelve, vuelve, primavera (10 comentarios)
04.03.2010 Cuando quieran (8 comentarios)
Nombre:  
Email:  
Comentario:
 
  
generico De: Anonimo: Nikki - 08.02.2010 05:35 p.m.
Me imagino al de Cannibal y al de Mayhem abrazados, con lagrimas en los ojos y encendedor en mano, cantando a viva voz "my father, my father, he liked me, he liked me...", súper tiernamente.



noticias_list_noticias_anteriores
08.02.2010
Juventud, divino tesoro
24.11.2009
Regreso y visita
Navidad Solidaria