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Habitación 101 son cuatro coleccionistas que se conocieron unos intercambiando estampillas y otros monedas en el Parque Rivadavia. Sin muchas vueltas decidieron formar una banda sin tener bien en claro que música hacer. Ninguno de los cuatro tenía mucha idea acerca de como ejecutar instrumentos. Varias historias circulan alrededor de la banda: se dice que luego de unos tediosos primeros ensayos en donde lograban conseguir nada, convocaron a la madre del baterista, ex profesora de música primaria, para que los ayude. Los resultados después de la primer canción traída por ella convencieron a todos y le propusieron ser la encargada de componer los temas. Ella habría aceptado con la única condición de no tener que tocar en vivo. Su aspiración como banda es hacerle creer a los demás que no son una banda más, algo bastante complicado para un grupo de gente que parece no reparar demasiado en lo que hace. Sistemáticamente y con mucho esfuerzo reprogramado algunas de sus fatuas ideas de no contacto se cuelan entre distorsiones que alguna vez algún enviado a la pista de baile ya escuchó en algún otro espacio de este lugar remoto de los acontecimientos. Acusados por ciertas esferas rondantes de doble-pensar se la pasan disimulando su incognoscible talento. Habitación 101 quiere dejar de ser una banda para que disfruten los adolescentes, su dimisión está destinada a las generaciones que se acercan, allí dentro, donde se gestan las mentiras que serán liberadas en una última noche, dejando pasar la luz por una ranura inocente. Ellos despiertos tales cadáveres, su fantasmal madre dedicada a la duplicación, ambos registran el material de sus vidas pasadas y esperan la redención devolutoria. A veces sin llegar hasta aquel espacio quedan flotando entre las marcas de algún que otro vinilo visto en el trance de los deseos. Ellos son unos dictadores frustrados pero están dispuestos a hacerse valer a través de anestesiantes musicales. "Tengo que conseguir mucha madera", un hito en la historia del rock argentino. Zombie escuchando de boca del manager de los Mullefuckers: "Finlandia es nuestra, ahora nos queda conquistar America". Todo suma para terminar provocando un grupo deliberadamente prefabricado; resultado: música masticada. Otra banda más que apuesta al encanto y se regocija al ver cada vez más cercanas sus patéticas ambiciones. En la habitación 101 no entra más que una persona, su clave está en dejar de estremecer a ellas.
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Juan - Bajo |
Juan Jose - Guitarra |
Diego - Bateria
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Fanaticos
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